Perseverar en la política le ha dado un nuevo rostro a México

Saludo al licenciado  Silvano Aureoles Conejo, presidente de la Cámara de Diputados, y en este momento Presidente del Congreso y hago lo propio con el señor licenciado  Miguel Barbosa Huerta, presidente de la Cámara de Senadores,  así como con todos los respetados miembros de la Mesa.

Me dirijo a las amigas y amigos legisladores, todos.

Hoy, sin excepción, los partidos políticos con representación en el Congreso han expresado su opinión, en el inicio de este tercer año de la LXII Legislatura. Sus participaciones ya nos avisan de lo que puede ser el intenso debate que tendremos en este periodo. Habrá oportunidad de discutir una a una, cada una de las expresiones.

Toca, entonces, el turno al PRI y deseo hacerlo compartiendo reflexiones con ustedes de la manera más respetuosa.

Recorrer este último tramo de nuestra responsabilidad legislativa, con el cúmulo de cambios y transformaciones que hemos realizado, exige pausar nuestro camino para evaluar no solamente lo que el Congreso mexicano ha logrado a 24 meses del arranque de sus funciones, y cuyos resultados, en cuanto a las reformas realizadas, son ampliamente conocidos entre nosotros.

En esta recapitulación, lo más trascendente resulta reflexionar sobre el valor de la política y del diálogo parlamentario, de modo que apreciemos mejor cómo fue posible alcanzar acuerdos y aprobar las reformas necesarias, y también para aprovechar y ver la manera de proponernos seguir haciendo política parlamentaria, lo cual constituye un legado fundamental de esta legislatura, que se encuentra iniciando su último tercio.

Es que, en un contexto de gobierno dividido, y en contraste con experiencias anteriores, fue posible sumar esfuerzos para impulsar cambios de fondo para nuestro país. En varios de ellos, el Pacto por México construyó los indispensables consensos previos para que en el Congreso de la Unión la pluralidad de la representación política discutiera, modificara y aprobara reformas transformadoras, las cuales, por su magnitud y alcance, marcan un antes y un después en la vida institucional, de nuestro México.

Es que no hay Congreso en el mundo donde el debate deje de ser intenso. Se dice fácil, pero los retos no han sido menores.

Recordemos que durante la discusión de las profundas reformas realizadas escuchamos las distintas voces que se expresan en la Cámara. Hubo opiniones expertas en los temas abordados; otras no tanto, pero todas justificadas por la importancia de los asuntos tratados; algunas descalificaron cualquier visión distinta, otras fueron estridentes y las más tuvieron una índole ponderada. Todas fueron escuchadas con leal paciencia y debida tolerancia.

Había que abrir las puertas de la negociación para construir no sólo los consensos mínimos, sino los acuerdos necesarios, ya que la política como arte de lo posible implica construir, superar enconos y concretar. Es que en política lo que importan son los resultados.

Por fortuna, con base en la capacidad y la voluntad negociadora de la mayoría parlamentaria, los retos fueron superados. El  Poder Legislativo ha mostrado estar a la altura del momento histórico y el Congreso dio muestras de que al practicar la política democrática y construir desde la pluralidad, sí es posible llevar a México a su cita con un mejor futuro.

Han sido meses de intensa actividad. 22 reformas en 22 meses y, éstas, constitucionales, son como lo acreditamos. 11 grandes reformas dan vida a un México moderno que intentan dejar atrás los resultados insatisfactorios. Son cambios profundos establecidos en las nuevas leyes. Se trata de reformas que en algunos momentos polarizan y en lo general tocan espacios de poder y privilegios, origen principalísimo de la desigualdad en nuestro país.

La fuerza del Estado mexicano fue así que se hizo presente. Su mejor apoyo fue la razón, compartida con la mayoría de las fuerzas políticas y partidistas con representación en el Congreso. Es que sólo así, sólo así, se puede explicar el tamaño y los alcances del cambio. Intentar ahora alegar propiedad o autoría particular de ellas, sería negarnos a nosotros mismos en nuestro esfuerzo conjunto que hizo la diferencia de otros tiempos.

Hoy contamos con un nuevo entramado legal e institucional, cristalizado en once reformas transformadoras que deben darle un renovado impulso al desarrollo nacional.

Las reformas económicas, la Política Electoral, la de Transparencia, permiten remover obstáculos que por años nos impidieron crecer de forma acelerada y sostenida. Para eso son las reformas Energética, la de Competencia Económica, la de Telecomunicaciones, la Financiera y la Laboral.

El fortalecimiento de la Hacienda pública y las nuevas normas e instituciones del Estado, también permiten normas en las reformas del Estado, para mejorar nuestras instituciones y nos permiten avanzar en las reformas al sistema de impartición de justicia y crear un sistema más transparente, expedito y eficiente.

Con base en estos recursos públicos, también la reforma educativa  deberá sentar las bases de transformación del sistema de enseñanza nacional en un esfuerzo que no admite titubeos ni retrocesos, ya que lo que está en juego es el futuro. Es que no hay nada más igualador que un empleo y educación de calidad.

No obstante es necesario admitir que es ahora cuando el ciudadano medio debe empezar a sentir el cambio en sus bolsillos, en su seguridad, en educación y salud de calidad.

Señoras y señores legisladores:

Durante largas horas y muchos días de trabajo legislativo, en periodos ordinarios y extraordinarios de sesiones, obtuvimos más experiencias que considero fundamentales. Aprendimos que, en medio de nuestras diferencias, no debemos renunciar a la tarea primordial de hacer política y practicar el arte de la política parlamentaria, transparente y leal.

Esta es una Cámara legislativa hecha para el diálogo constructivo, no para la violencia de la descalificación discursiva; pensada para actualizar nuestra legalidad, no para custodiar dogmas y tabúes; hecha para representar nuestra diversidad y respetar las decisiones del máximo consenso posible; lista para el debate de las ideas y la construcción de acuerdos que nos permitan avanzar y resolver nuestros problemas.

No obstante todo ello, sólo lo podemos hacer posible si no renunciamos a la política, espíritu natural que acompaña al hacedor de cosas. Y es que abandonar el quehacer político desnaturalizaría el sentido de nuestra organización como República y sus Tres Poderes. 

Abdicar a hacer política para entendernos y atendernos en nuestras preocupaciones, sería asumir una postura fácil e irresponsable al permitir que el Poder Ejecutivo o el Legislativo dejaran, como única y no como última instancia, al Poder Judicial en la definición de nuestra  legalidad.

Ahí es donde debemos siempre reconocer la esencia de nuestra responsabilidad, en cada ocasión que discutimos.

Estos dos años han demostrado que cuando se persevera en el ejercicio de la política, comenzamos a darle un nuevo rostro a México mediante la forma que mejor garantiza el cambio a largo plazo: crear nuevas leyes, perfeccionar las existentes y consolidar las instituciones de la República.

Es que, leyes e instituciones dan certeza y durabilidad a las transformaciones realizadas.

Ahora hay que explicar las reformas es que gobernar es escuchar, decidir y luego explicar por qué se hicieron las cosas. Que nadie se extrañe que eso suceda.

Expreso, a nombre del Grupo Parlamentario del PRI y en lo personal, mi reconocimiento y respeto a cada uno de mis compañeros legisladores, distinguidas señoras y señores de los distintos grupos parlamentarios.

En nuestras diferencias puede encontrarse nuestra fortaleza.

En especial, en el PRI reconocemos la voluntad y el liderazgo del presidente Enrique Peña Nieto. Sí, reconozco en el Presidente Enrique Peña Nieto, que ha demostrado al igual que sus colaboradores, que el ejercicio discreto pero eficaz de la política y del diálogo democrático y plural, son la única fuente de los resultados y las transformaciones que están en marcha. Ello es un referente y valioso legado para la cultura política y democrática de nuestro país.

Muchas gracias.

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