Me halaga rendir un homenaje apropiado a uno de los políticos más apreciados y respetados de México

 

Lic. Manlio Fabio Beltrones R.

Palabras del senador Manlio Fabio Beltrones R., coordinador nacional de la campaña legislativa de los candidatos a diputados federales del PRI, pronunciadas en la ceremonia del 43 aniversario luctuoso de Don Carlos Alberto Madrazo, realizada en la ciudad de Villahermosa, Tabasco, el lunes 4 de junio de 2012.

 

 

Señoras; señores:

 

Me honra mucho haber sido elegido como orador en esta conmemoración del 43º  aniversario luctuoso de Don Carlos Alberto Madrazo Becerra.

 

Le agradezco a mi amigo Roberto Madrazo, y a su familia, el haberme concedido este privilegio que, desde luego, me halaga y a la vez constituye un reto para rendir un homenaje apropiado a un personaje de la estatura política de Don Carlos, un hombre de su tiempo cuya clarividencia, producto de una fina y acuciosa observación de la realidad, le hicieron reconocido como uno de los políticos más apreciados y respetados de México.

 

No obstante, aprecio bien a Don Carlos a través del necesario conocimiento y estudio de su vida y obra, ejercicio obligado para cualquier político que desea aprender de lo mejor.  Es que hay clase política y políticos que necesitan clases.

 

Vivimos tiempos de gran complejidad y enfrentamos retos enormes de índole social, económica y política.  Hoy, para no errar, en cada ocasión y decisión, debemos dirigir la vista al genio político de Carlos Madrazo.

 

El fue un político precursor de una nueva etapa de modernización de las instituciones del país.  Practicó el real servicio público, dignificó la militancia partidista y cumplió una misión democratizadora en México.

 

Visualizó las tendencias emergentes en la sociedad de su tiempo y tuvo el valor de encabezar el cambio institucional, para lo que reorganizó nuestro partido sobre bases de confianza ciudadana y un ejercicio moderno del poder.

 

Carlos Madrazo supo ver lo que otros no percibieron en el auge de una sociedad que cambiaba vertiginosamente, y cuya economía crecía a tasas históricas de más del 6 por ciento anual.

 

En aquel México que mudaba de rural a urbano, con expansión de los sistemas de salud y seguridad social; del sistema educativo nacional, crecimiento explosivo de la población y emergencia de una moderna clase media más educada e informada, Madrazo, a diferencia de muchos, supo identificar el impulso transformador de un régimen político que iba quedando atrás de la silenciosa y profunda mutación social.

 

Hoy, que a diferencia de aquellos años, vivimos un largo periodo de estancamiento económico y carencia de oportunidades para la enorme mayoría de la población, cobra mayor vigencia el pensamiento visionario y revolucionario de Carlos Madrazo.

 

Sí, como entonces, ahora el pueblo está dolido y tiene hambre y, en palabras de Madrazo, “hambre también de encontrar una salida a sus problemas y ser tomado en cuenta para determinar el rumbo del país”.

 

Recordemos que él supo interpretar el sentimiento que, en forma pacífica, expresaba el movimiento de los médicos y la huelga de los profesores en Morelia, y entender el riesgo de desestabilización que representó el frustrado asalto guerrillero al cuartel Madera en Chihuahua.

 

Entre esos extremos del desencanto social, Madrazo comprendió que México estaba llegando al fin de un ciclo histórico y que, cito: “a las nuevas formas de nuestra economía debieran responder nuevas formas políticas”. Eso, era entender el momento y las circunstancias.

 

No cabe duda que Madrazo hablaba de modernización, oponiéndose al inmovilismo y al anquilosamiento político, que habían traído los primeros buenos resultados del régimen postrevolucionario.  Vamos, estaba convencido de que la comodidad de la clase política en el poder, detenía los avances al futuro.

 

El advirtió que las fórmulas políticas establecidas cuarenta años atrás, habían perdido vigencia y resultaban estrechas.  No entenderlo así, explicaba con claridad pedagógica, era como querer que “un hombre hecho y derecho siguiera calzando el mismo zapato que usaba cuando niño”.

 

Nuevamente encontramos en su ideario el punto de contacto con nuestra realidad presente. El cambio y las reformas son necesarios en lo político y se hacen necesarios para lograr mejores resultados en la tarea económica.

 

Él buscaba renovar las instituciones como instrumento de cambio y de encauce del movimiento social, al mismo tiempo que abrió los canales de movilidad política y buscó hacer del partido un instrumento de construcción de ciudadanía y de socialización en la cultura política democrática.

 

Hombre de principios, para él, la fortaleza ética del PRI y sus dirigentes sería su fuente de autoridad política y haría sentir, como sostuvo en su toma de protesta como presidente del partido, “que la política es nobilísima actividad humana cuando se ejerce sin subterfugios, a plena luz, y se aplica a lograr el bien de todos por la voluntad y la acción coordinada de las mayorías”.

 

Sostuvo que, a la juventud, hay que hablarle “con limpieza, sin resentimientos, con la sencillez con que el agua limpia discurre entre las rocas”, ya que “decapitar las aspiraciones de la juventud, no crear nuevos valores, aristocratizar el mando y anquilosar la acción, terminaría con la vida del PRI”.

 

Apuntó, en consecuencia, que el “poder es saber escuchar y saber decidir. El poder es diálogo”. 

 

“Si la opinión ajena es juiciosa, no hay deshonra en seguirla y en todas formas sirve para revisar el juicio propio”. El poder, agregó, “reclama madurez, serenidad, buen juicio y una indudable rectitud para interpretar los anhelos del pueblo y de la hora que se sirve”.

 

Son estas las palabras intemporales de un estadista y de un hombre de acción quien, durante su mandato como gobernador, introdujo el agua potable en las 16 cabeceras municipales, creó 16 hospitales rurales y fundó la Ciudad Universitaria, la Escuela de Artes, la Escuela de Oficios, el Asilo, la Casa de la Mujer Tabasqueña, el Casino del Pueblo, la Plaza de Armas, entre varias obras públicas que son testimonio de la trayectoria de un político que no solamente era portador de un mensaje, sino un hacedor de cosas que hoy perduran en la vida cotidiana y en la memoria colectiva de Tabasco y de México entero.

 

Yo, así como muchos, me declaro madrazista.

 

Señoras;  señores:

 

Ante la turbulencia que nos agita, volvamos la vista y la atención a la vida ejemplar de Don Carlos Alberto Madrazo, a su gran espíritu reformador de instituciones y a su dolorosa muerte anticipada.

 

Cumplio sus deberes como ciudadano; nunca temió hacerlo y hoy sigue siendo un parámetro con el cual puede medirse al resto de los políticos.  Su audacia y su visión de futuro y del presente, siempre serán nuestra inspiración.

 

Sus afanes en el Gobierno de Tabasco, más sus lecciones magistrales en el arte de la política, son ejemplos perdurables. Cada uno de sus discursos, una a una de sus decisiones políticas, hablan de valores, autenticidad y servicio.

 

Ante la mediocridad de resultados económicos, políticos y sociales de los últimos 15 años en nuestro país.  Ante la pobreza, desigualdad y violencia en México, hoy como ayer, el PRI debe retomar su senda reformista y buscar que las instituciones y el sistema político se adapten a la modernidad de nuestro tiempo y ahí encuentren la solución a todos los problemas, alejándose de la inercia que acompaña al torpe voluntarismo.

 

Hoy, como ayer, escuchamos una máxima madrazista como sentencia a la inmovilidad y al conformismo, cuando dijo:   “si las fallas no se corrigen iniciará sin duda nuestra decadencia”. 

 

De ahí la enorme relevancia del cambio en las prácticas políticas. Un cambio con rumbo que también imaginó Luis Donaldo Colosio y que seguimos con entusiasmo ante una renovada convocatoria que hoy alienta el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, que nos vuelve a impulsar a seguir recordando los valores y la conducta que procuró Don Carlos Madrazo.

 

Por todo lo anterior, su figura perdura entre nosotros como la del gran líder y genio político prodigioso; dueño de un enorme ímpetu de acción reformadora, sensibilidad política y un ardiente deseo de alcanzar la justicia social y afianzar la libertad.

 

Tabasqueño al fin, mexicano por siempre y de todas las épocas, Madrazo vive. ¡¡Viva Madrazo!!

 

Muchas gracias.

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