Las reformas deben servir para que México crezca y genere empleos

Versión de las palabras del senador Manlio Fabio Beltrones R., Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI y Presidente de la Cámara de Senadores, durante la reunión de trabajo con el Club de Empresarios de Puebla,  A. C.

 

Un Grupo de Senadores pensamos que debemos retar a todos aquellos que dicen que hablar de impuestos es malo, sobre todo para los políticos en turno, cuando el país está urgido que hablemos de una reforma fiscal que atienda todos y cada uno de los temas que trató hace un momento Alfredo Arizmendi Domínguez, Presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Puebla.

 

Estamos seguros que hay formas de mejorar la recaudación. El gobierno dice que no conoce forma mejor de recaudar más que subiendo los impuestos; lo ha declarado, junto con la versión de que con seis mil pesos “todo el mundo la hace”, también que solamente se mejora la recaudación subiendo los impuestos.

 

Hay ejemplos en el mundo hoy y ayer, que hablan cómo se puede recaudar más, cobrando menor porcentaje de impuestos, pero acabando con los privilegios. Y esto es un punto importante, que debería mejorarse, facilitándose el pago de nuestras obligaciones. Y es así como desde hace 18 años venimos construyendo una propuesta que gira alrededor de lo que les voy a plantear ahora, y que formará parte de una iniciativa que se presentará en la primera decena de marzo, en la Cámara de Cámara de origen.

 

Pero al final de la jornada lo que tenemos en el Senado es la convicción de que hace dos años, nos dijeron que esto era una emergencia y que teníamos que subir el impuesto al valor agregado del 15 al 16 para mejorar la recaudación y que teníamos que subir también el  impuesto sobre depósitos a efectivo; y que además los impuestos en telecomunicaciones y todos los inimaginables para después de salir del momento tan difícil de la crisis financiera del 2009.

 

Y ahí pactamos que si bien no estábamos convencidos que esa fuera la fórmula, si eso nos acercaba para que saliendo de la crisis pusiéramos sobre la mesa una verdadera reforma fiscal, nosotros la aprobaríamos el incremento.

 

Se pactó que íbamos a hacer una reforma fiscal y nosotros nos decidimos a estudiarla y, por ello pretendemos ponerla sobre la mesa, pero tiene una explicación, que el año pasado incluso dijeron “ya no hay emergencia, bajen los impuestos”, y de todas maneras tampoco los bajaron. Pero no ayudaba ni subirnos ni bajarlos de esa manera, si no lo hacemos de manera integral.

 

¿Qué vamos a proponer? Creemos que el IVA del 16 –creemos, estamos convencidos—puede bajarse al 12 por ciento, siempre y cuando todos paguemos y evitemos privilegios.

 

Sí, eso habla de generalizar, pero cubrir perfectamente bien, porque no hay que ser insensibles, al 40 por ciento de la población, que son los de los cuatro deciles primeros, que consumen bienes no procesados y que éstos quedarían exentos, como también que las medicinas no tenemos por qué tocarlas, pero sí muchos productos que alrededor de la acepción medicina no están pagando el Impuesto al Valor Agregado.

 

Varios de nosotros somos clientes asiduos de algunos que nos venden productos para que nos salga cabello, y  obviamente hemos sido objeto de un fraude, y por el cual no se paga IVA; o de cremas que evitan el envejecimiento, que tampoco.

 

La verdad es que en el tiempo hemos sido pervirtiendo el Impuesto al Valor Agregado. No hay que quitarle su carácter justiciero en este momento, sobre todo de pobreza y falta de igualdad o equidad que existe, pero sí hay que dar el paso en el cual nosotros reconozcamos que si bajamos el impuesto, pero lo hacemos que éste lo paguen todos, podemos recaudar mejor.

 

Pero nada quedaría completo –y esta es la parte que habremos de discutir–  si no intentamos mejorar el premiar la formalidad sobre la informalidad.

 

Por mucho tiempo se ha buscado acabar con la informalidad supuestamente con la represión. La verdad es que ésta no ha funcionado, y hay algunos programas del gobierno que incluso alientan la informalidad sobre la formalidad.

 

Voy a poner un ejemplo, el seguro popular es un instrumento sumamente noble, pero alienta la informalidad, premia la informalidad.

 

Teniendo un objetivo noble, estamos sobre una ruta equivocada, por decirlo de alguna manera.

 

La informalidad está presente –los datos que yo tengo de las principales instituciones–  es en el 40 por ciento de nuestra economía, pero aquí en Puebla ya el número me impresionó, sobre el 60 por ciento.

 

¿Cómo se va a acabar la informalidad? ¿Tenemos posibilidad de reprimirla, como supuestamente dicen que lo hacen las autoridades? ¿O debemos buscar un mecanismo que premie la formalidad sobre la informalidad, y entonces empecemos un círculo virtuoso y salgamos del círculo vicioso?

 

Es por ello que en la propuesta estamos incluyendo el poner un impuesto de control, que es hasta un 3 por ciento; que tenga posibilidad de ser devuelto a todos aquellos que obtengan en su compra un recibo o una factura.

 

Para ello el sistema tendrá que adecuarse. El SAT tendrá que pasar no nada más de la factura electrónica, sino al recibo electrónico.

 

Algo parecido a lo que se encuentran ustedes en los restaurantes, en los negocios, cuando se pide la cuenta y viene la maquinita fiscal; se pasa el pago de lo que se hizo y ahí mismo sale lo que es el recibo de la tarjeta de crédito.

 

Aquí lo que saldría es un recibo por la compra total, en cualquier negocio. Y el que obtenga su recibo automáticamente tendrá una devolución del 3 por ciento.

 

Estaremos pagando el 15 por ciento, pero con  una devolución del 3 en el mercado formal.

 

Esto es un incentivo para salir adelante, pero como ustedes se imaginarán porque lo saben, es también una fórmula para corregir la evasión, porque si ya el ciudadano Melquíades Morales está solicitando la devolución de su 3 por ciento, es que hay alguien que se quedó con su 12 y a lo mejor no lo enteró.

 

Y llevar a cabo una auditoría cruzada es mucho más fácil que las auditorías que normalmente se hacen ahora.

 

Hoy hay 40 mil auditores en la calle, que cuando llegan a nuestro negocio se quedan a vivir con nosotros seis meses.

 

Y les preguntamos todos los días “qué quieren comer, que quieren desayunar”. ¡Es como un hijo más y exigente!

 

Aquí lo que traeríamos son 100 millones de auditores, que son los 100 millones de mexicanos que estarán solicitando su retiro, bajo el estímulo de tiene una devolución, y poder armar perfectamente bien entonces el mecanismo de premiar la formalidad sobre la informalidad y luchar contra la evasión.

 

La evasión en este país es de 300 mil millones de pesos, cerca de 3 puntos del Producto Interno Bruto. Es como 14 veces el presupuesto de la UNAM, hoy que se habla de tantas necesidades de educación.

 

Pero si hablamos de otros privilegios, que son los regímenes especiales, ahí traemos más de 500 mil millones, como 550 mil millones.

 

Estamos hablando ya de otros 4.5 puntos de punto. Ahí ya estamos casi sumando 7 u 8 puntos del Producto Interno Bruto.

 

¿Cómo podemos hacer un planteamiento entonces, que nos invite a mejorar la recaudación? Si ya estamos entrados en gastos y ustedes ven es un 12 más un 3, el 3 de control que es de devolución, para que ese 3 de control funcione el Código Fiscal deberá decir  que esa información de la devolución nunca podrá ser utilizada con fines de auditoría fiscal.

 

Aquí de lo que se trata es que la gente pida la devolución, no de recaudar más.

 

No cometamos el error del IDE, del Impuesto de Depósitos en Efectivo. Era un impuesto de control al 2 por ciento, funcionó muy bien para la informalidad, pero cuando lo subimos al 3 se cayó la recaudación. ¿Por qué? Se volvió recaudador, no de control.

 

Este es un impuesto de control del 3 por ciento, de tal manera que hay que buscar que la gente pida la devolución.

 

Pero si ya estamos sistematizando la recaudación, el negocio que ya tiene su máquina fiscal para emitir un recibo y si es una PYME, a ustedes que tanto les gusta como a mí, estas empresas que generan más del 80 por ciento de los empleos del país, y que tiene ingresos menores de 20 millones, que eso es alto, podrá optar por pagar al estilo tradicional o con el 5 por ciento sobre sus ventas.

 

Yo pongo el ejemplo de que mi abuela cuando expedía a sus hijas les decía “¿Cómo quieres salir hijita, sencilla o elegante?”. Le decía “elegante mamá”. “Entonces te vas a tardar un poquito”. Sencilla, tu molotito, tu vestidito y sal a la calle.

 

Aquí es algo parecido, ¿cómo quieren pagar, sencillo o elegante? Sencillo, 5 por ciento sobre las ventas, que está perfectamente bien detectado en lo que puede ser el negocio; o elegante en el sistema tan fácil que hoy tenemos, de ingresos deducciones, utilidades y pago, así de facilito.

 

La verdad es que cuando ya lo quieren llevar a cabo, sobre todo los negocios pequeños, se les dificulta mucho.

 

Y hay empresas, como en el campo, que deben tener ingresos no mayores de un millón de pesos. Éstos con el simple hecho de que paguen el 3 sobre sus ingresos, pueden salir.

 

Ingresos hasta de un millón con el 3; ingresos de hasta 20 millones con el 5.

 

No gusta el 5, porque creo que pagaría menos en el sistema tradicional, vete por el sistema tradicional.

 

Hay algunos que dicen “voy a pagar igual o un poquito más, pero con tal de sacudirme al contador, sacudirme al SAT, sacudirme a todos los demás y estar tranquilo, me voy por el sistema sencillo”. Creo que muchos están en ese, pero algunos contadores.

 

Lo que pasa es que el sistema elegante tendrá que recurrir exactamente a las contabilidades mayores.

 

El abarrote de la esquina, ¿cómo le hace? ¿O evade o evade? Se le facilita más la evasión que el pagar. ¿Por qué? Por lo complicado, por los difícil.

 

Hay que buscar fórmulas de cómo acercarnos… Sí, pero sé que esto es incompleto, si no resolvemos algo –señores diputados, señor senador–  que estamos comprometidos. Quedamos que cuando surgió el IETU, se iba a combinar con el Impuesto Sobre la Renta, pero en un término de dos años iba a desaparecer uno u otro, o íbamos a llegar a una conclusión de una suma entre todos para evitar toda esta confusión.

 

Se está terminando el sexenio y no veo sobre la mesa más que cada septiembre, que Hacienda dice “no es conveniente, está funcionando bien”. Les estará funcionando bien a ellos, peo no se está cumpliendo con el objetivo cuando nació.

 

En la iniciativa viene contemplado el ya quedarnos con una sola fórmula de recaudación. Se eliminan cerca de 40 artículos del Impuesto Sobre la Renta, sí. Se adoptan algunas de las figura del IETU, sobre todo aquella que premia, que paga menos quien invierte más, que ese es un principio interesante que tenemos que irlo también configurando alrededor.

 

Y hacemos un planteamiento de cómo reducir el Impuesto Sobre la Renta del 30 al 25.

 

La verdad es del 28, porque como ya en el transitorio que tenemos en la Ley del Impuesto Sobre la Renta se establece que en el 2012 terminaríamos en 28 por ciento, aquí reduciría al 25, pero se trabajaría sobre los regímenes de excepción, como sobre los regímenes especiales.

 

Y también trabajaríamos sobre una progresividad verdadera del Impuesto Sobre la Renta.

 

Hoy en día el mexicano que tiene ingresos cercanos a 40 mil pesos, paga el mismo porcentaje del ISR que el hombre más rico en el país. No hay una progresividad.

 

La Constitución habla sobre principios básicos. Y esos principios básicos están en la equidad, están en la redistribución de los ingresos, pero también están en la progresividad.

 

Buscaríamos hacerlo, sí diferenciar personas físicas de personas morales, sobre todo en el pago de los impuestos; y en personas físicas sí debería conservarse en 30, y en morales en 25.

 

Trabajaríamos, y lo trae contemplado también la iniciativa, que por cierto ha generado una serie de discusiones alrededor de la misma, porque hay quienes creen que no es posible recaudar más bajando los impuestos; hay quienes creen que no es pertinente políticamente hablar sobre una reforma fiscal rumbo al 2012; hay otros que dicen “no nos conviene porque así estamos bien”, esos son por parte del gobierno, y la discusión va creciendo.

 

Y hablo de discusión porque a mí me gustaría llevar a cabo un debate, pero los debates se hacen cuando alguien pone sobre la mesa una idea distinta.

 

Cuando hay una sola propuesta, se discute, y lo discuten más los de no. Y nosotros quisiéramos que si no les gusta lo que estamos proponiendo, pero pensamos nosotros que facilita el pago, que se vuelve más justo, que recauda mejor, que salimos del tabú que hacer una reforma fiscal no es popular, entraríamos entonces a lo que puede ser la construcción en septiembre próximo, de una comparación con lo que el gobierno mande y lo que nosotros tenemos.

 

Si el gobierno vuelve a mandar lo mismo diciendo “así estamos a gusto”. Nosotros le decimos “nosotros tenemos aquí enfrente una fórmula que mejora y mucho”.

 

La pregunta del gobierno es –y me la han hecho, muy cuenta chile—“¿cuánto más da?” Creo que lo importante es cómo integramos un sistema mucho más justo, más fácil que incentive la formalidad sobre la informalidad, que busque evitar privilegios, que establezca la normalidad en el sistema de recaudación y que no baje los ingresos.

 

Con eso yo me consideraría ya que voy en la ruta correcta, pero si de lo que se trata es decir “cuánto más da”, da mucho más que lo que actualmente tenemos. Puede dar cerca de 2 puntos del Producto Interno Bruto, con la disminución de los impuestos.

 

Y son corridas que tenemos hecho con academias y con despachos de enorme solidez, en la que nos apoyamos en el Senado, porque sabíamos que nos íbamos a encontrar con esa pregunta.

 

Y si tienen ellos una fórmula mejor para recaudar más, pero hacerlo de manera integral, estaremos atentos a ver si ellos nos las hacen saber.

 

Pero yo termino mi presentación diciéndoles, si bien es cierto la mesa tiene cuatro patas: una es una reforma política; otra es una reforma a los órganos reguladores para dar certeza jurídica; otra es una reforma fiscal o reforma hacendaria, para recaudar más y gastara mejor.

 

Las tres deben servir para que México crezca y genere empleos, y con las tres sería posible construir la cuarta pata de la mesa. La cuarta pata de la mesa es la inseguridad.

 

Solamente podremos ser exitosos combatiendo la inseguridad, si generamos crecimiento económico y empleo. De lo contrario, si queremos atacar sólo la cuarta pata de la mesa, sin hacer estas tres reformas, lo que vamos a conseguir es mucha violencia, porque no estamos atendiendo uno de los principales problemas del país, que es la pobreza, el desempleo que se generó por la falta de crecimiento económico y empleo.

 

En fin, esto es lo que algunos de nosotros pensamos en el Senado, y que lo estamos poniendo sobre la mesa no como un discurso, sino como iniciativas específicas que están sujetas a la discusión y a la aprobación por parte de los otros grupos parlamentarios.

 

Esto es lo que nos permite discutir con el gobierno, en algunos casos debatir con el partido en el gobierno, sobre la pertinencia de que esto pase en el país, antes de volvernos a ver envueltos en una elección que nos lleva hacia lo desconocido, porque si hoy en día se hace una encuesta y le preguntamos a la gente ¿ustedes saben a dónde vamos? El 95 por ciento de la población dice no saber a dónde vamos, el otro 5 por ciento responde con groserías.

 

Es que nos puede pasar algo parecido –perdón por el ejemplo, lo he comentado en otras ocasiones—a lo que le sucedió a algunos cubanos después que se acabó la Revolución.

 

En la Quinta Avenida de La Habana circulaba un solo camión con gasolina, y en cada esquina se encontraba un grupo de cubanos que le decían al chofer ¿Me llevas? Y el chofer les decía “súbete”.

 

Así seguía su recorrido el camión, llegaba a la otra esquina y había algunos de ellos que le decían al chofer ¿me llevas? Y el chofer les decía “súbete”.

 

Así se fue llenado el camión. Y ya cuando iba repleto, a uno de los que se habían subido se le ocurrió preguntarle al chofer ¿y a dónde vamos? Y el chofer volteó y le dijo “al paredón chico”.

 

Eso pasa por no preguntar a dónde nos llevan. Y si así nos acercamos a las próximas elecciones sin saber a dónde vamos, lo más seguro es que vamos a tener elecciones sumamente difíciles, porque entonces solamente se debate y se combate entre personas, pero no sobre el rumbo del país.

 

Creo que es la hora de platicar qué rumbo le queremos dar a México y cómo poner orden también en nuestro país.

 

Pero eso es lo que yo creo, ustedes de seguro tienen otras cosas que preguntar y estoy a sus órdenes.

 

Muchas gracias.

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