Hacer política para solucionar las diferencias

Palabras del Dip. Manlio Fabio Beltrones R., Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, pronunciadas en la ceremonia del LXIX Aniversario Luctuoso del General Plutarco Elías Calles, realizada en el Monumento a la Revolución, el domingo 19 de octubre de 2014.

Da click aquí para ver el video del discurso del diputado Beltrones http://beltron.es/49c2r

Muy buenos días a todas y todos ustedes 

Quiero saludar, en primer lugar, y agradecer a mi amigo el señor presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, el doctor César Camacho, la posibilidad de participar en esta ceremonia luctuosa del sexagésimo noveno aniversario del General Plutarco Elías Calles.

Lo hago en reconocimiento –sobre todo en una actitud, por parte del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados– hacia la persona del doctor César Camacho, porque sabemos que esta participación forma parte de su reconocimiento al trabajo legislativo que hemos llevado a cabo. Nada mejor que hacerlo, sobre todo recordando la figura señera del General Plutarco Elías Calles.

También saludo con afecto y respeto a la Secretaria General del PRI, Ivonne Ortega, y hago lo propio con la familia del General Plutarco Elías Calles, en la persona de Fernando Elías Calles.

Saludo a nuestras amigas y amigos senadores de la República a través del senador Ismael Hernández Deras, en representación de mi amigo Emilio Gamboa Patrón, y también a todos los sonorenses, a los orgullosos sonorenses de sentir la figura de Plutarco Elías Calles, como una parte muy íntima de su formación política y de su participación en el transcurso del devenir histórico de nuestro país.

Saludo a mi amiga Beatriz Pagés, quien siempre está pendiente de poder honrar y celebrar estas ceremonias en beneficio del recuerdo que nunca debe apartarse de nuestra memoria, para poder honrar, sobre todo, a quienes lo merecen.

Señora y señores:

Hablar hoy del General Plutarco Elías Calles nos remite obligadamente a valorar su contribución histórica en tiempo presente, todo ello alejado de una visión nostálgica y contemplativa de un pasado que fue distinto al tiempo que hoy vivimos, pero que nos dejó muchas enseñanzas, sobre todo en lo realizado por un mexicano excepcional que, como Calles, supo construir en su momento los cimientos de un México con orden y libertad, sí de esa difícil combinación, que tratándose de política, garantiza la gobernabilidad de un país.

El maestro, el militar y el político que creó el andamiaje institucional del Estado mexicano y que dotó a la República de los instrumentos necesarios para la construcción de la nación, fue, en todos sentidos, un modernizador.

Sobre el caudillo, está claro prevaleció el articulador de la pacificación del país, el organizador del proyecto nacional emanado de la Revolución y el constructor de un gobierno republicano definido, pero sobe todo limitado por el orden legal.

Reconoció y es obligado recordarlo, en una circunstancia difícil para la vida de la nación, ante el asesinato del general Álvaro Obregón, que era el momento deorientar definitivamente la política del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurar pasar, de una vez por todas, –así lo dijo– de la condición histórica de ‘país del hombre’ a la de ‘nación de instituciones y leyes’. Qué manera de identificar el momento difícil por el que transcurría nuestro país, y que forma de enfrentarlo como todo un estadista.

Ese fue quizá –para muchos– su mayor legado, pero no el único; sobre todo cuando recordamos que en su administración había creado las condiciones para que México diera el salto de una sociedad rural, prácticamente analfabeta y en una situación lastimosa por los estragos de la lucha armada, a un país pacificado con un proyecto común, emanado de los postulados de la Constitución.

Estaba seguro de que la estabilidad era y siempre lo será, una condición indispensable para el desarrollo del país y para el fortalecimiento de su soberanía. Por ello, dio cauce institucional a la lucha por el poder, con la creación de un partido político como el nuestro, que amalgamó a las diversas fracciones revolucionarias y, en forma paralela, desmovilizó a los grupos armados surgidos en la etapa revolucionaria para unificarlos en un solo mando.

También con ello dio paso a la modernización del Ejército y la Armada, bajo el sólido liderazgo del General Joaquín Amaro, y logró su transformación en un Ejército profesional, institucional, leal a la Constitución y a la República, que aún hoy permanece con esas características y del cual nos enorgullecemos.

Así, logró cohesionar a la nación, todo para iniciar una nueva etapa de desarrollo. Es que modernizó la administración pública y creó las primeras instituciones para una intervención reguladora del Estado en aquel nuevo ciclo.

También –y lo recordamos– fue un convencido de la necesidad de regular el gasto público y de ordenar las finanzas del Estado, para así crear una plataforma sólida de despegue económico. Dispuso una reforma fiscal relativa a la Ley de Ingresos, introduciendo el Impuesto Sobre la Renta y la delimitación de las facultades tributarias de los tres niveles de gobierno.

Durante su gestión –es imposible omitirlo– se reformaron los métodos de contabilidad nacional y presupuestos, además de que, como se sabe, creó el Banco de México, como emisor único de billetes y garante del sistema de pagos de la economía.

También emitió la Ley General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios e instituyó la Comisión Nacional Bancaria, cuya función principal era vigilar que las instituciones de crédito cumplieran las disposiciones legales; otra institución creada en el gobierno de Calles, fue el Banco de Crédito Agrícola, con el propósito de hacer préstamos de avío, refaccionarios o inmobiliarios.

Por si fuera poco, fue el creador del sistema de pensiones –antecedente inmediato del actual– pensado en su dimensión social, pero también con la visión de estimular el ahorro interno.

Es que como notarán, un visionario como él, comprometido con el progreso del pueblo de México y sus ideales de justicia, sabía muy bien que sin desarrollo económico sería muy difícil dar adecuada respuesta a las reivindicaciones sociales emanadas de la Revolución.

Ese fue el sentido de su empeño en comunicar a México, de impulsar el desarrollo agrícola mediante la construcción de presas y sistemas de irrigación que no se conocían, todas ellas grandes obras de infraestructura.

Entendió la necesidad de vincular el vigor económico de la obra carretera con el futuro que se avizoraba en una incipiente industria automotriz. No sólo creó una red alterna a los ferrocarriles, sino que abrió las puertas para que el desarrollo de la capital tuviera vías de comunicación con Puebla, Acapulco, Pachuca y Nuevo Laredo, con una idea clara, aunque incipiente, aquella del desarrollo regional. No podemos olvidar que fue bajo su administración que entró en operación la primera línea aérea nacional.

Por esas y otras muchas acciones, sin duda, podemos afirmar que Calles fue un reformador y un artífice de la modernización de México.

Recordarlo hoy, necesariamente nos remite al esfuerzo que los mexicanos estamos haciendo para superar los retos actuales y responder a nuestra propia encrucijada, quizá en un México muy distinto al que vivió Calles, pero también enfrentado a riesgos y oportunidades.

Es que tenemos dificultades, pero igualmente podemos vivir momentos promisorios.

El camino de las instituciones, que Calles supo trazar con su genio político, es la vía que se ha sabido transitar para concretar un proceso de reformas inéditas, profundas y necesarias para el país.

Se han creado las nuevas instituciones para la gobernabilidad del Siglo XXI, que se pudieron construir sobre la base de acuerdos sustentados en nuestra pluralidad y democrática, para también hacer prevalecer el interés del país

Con un liderazgo político, claro en sus propósitos y democrático en sus métodos, como se propuso desde el inicio de su gobierno el presidente Enrique Peña Nieto, fue posible consensar reformas indispensables, largamente pospuestas.

Aquí, en esta conmemoración se encuentran quienes también lo hicieron posible en el Congreso y que orgullosamente se sienten parte de ella, porque se crearon las nuevas instituciones del México moderno, del Siglo XXI. Así como un reformado, visionario en el Siglo XX, inigualable como Plutarco Elías Calles, el día de hoy se establece a ese personaje en la figura del Presidente Enrique Peña.

Recordemos que en contraste con experiencias anteriores, hoy como ayer, se superó la polarización y se sumaron esfuerzos para impulsar los cambios de fondo que desde hacía tiempo requería nuestro país.

Si en su tiempo Calles unificó a las fracciones dispersas en un sólo partido político y logró transformar el rostro del país, hoy fue posible construir consensos en la pluralidad para que el Congreso de la Unión discutiera y aprobara las reformas transformadoras, que seguramente marcan un antes y un después en la vida institucional, política y económica de nuestra patria.

En estos últimos dos años se ha debatido sin descanso, se contrastaron las distintas visiones y posturas ideológicas, se escuchó a los expertos y se actuó bajo la mirada participativa de una ciudadanía informada y crítica, con medios de comunicación igualmente críticos y plurales que ejercieron su derecho a opinar en todo momento y con toda libertad.

Absolutamente nadie fue excluido de la discusión y las ideas que recibieron el mayor consenso fueron incorporadas en las reformas aprobadas por el Congreso.

Prevaleció –debo decirlo de frente– el ejercicio de la política, en un contexto distinto al de Calles, pero al igual que entonces ese ejercicio fue valioso para abrir las puertas de la negociación y no sólo construir los consensos mínimos, sino los acuerdos necesarios, porque la política como arte de lo posible, implica construir, superar enconos y concretar resultados.

Eso fue lo que hizo la diferencia con los esfuerzos infructuosos del pasado inmediato. Es que ahora superaron obstáculos y trabas con base en la capacidad y la voluntad negociadora del gobierno y de su mayoría parlamentaria.

El Poder Legislativo ejerció plenamente sus facultades para que las decisiones nacionales obedecieran al interés plural del país y no al de un solo partido. Así, el Congreso se ha probado como instancia fundamental de gobernabilidad, en diálogo y colaboración institucional con los otros poderes de la República. Una posibilidad que Calles apenas podía prefigurar cuando planteó con todo tino, la transición de la era de los hombres fuertes, al país de las instituciones.

Lo que es indudablemente cierto es que hoy México tiene una mejor perspectiva de futuro, aun considerando los desafíos del complejo escenario internacional y de la coyuntura nacional; por cierto, los de escenario internacional, equiparables, en su debida proporción, a los que enfrentó en su época el General Plutarco Elías Calles.

Hoy contamos con un nuevo andamiaje legal e institucional que se concretó mediante once reformas, profundamente transformadoras, para imprimir un renovado impulso al desarrollo nacional.

En economía, las reformas se dirigen a remover los obstáculos que por años nos impidieron crecer. Este es el sentido del nuevo marco jurídico en materia de Energía, Telecomunicaciones y Competencia Económica, así como los nuevos órganos reguladores que han innovado la arquitectura institucional del Estado mexicano y activado el potencial –futuro– de crecimiento y generación de empleo. 

Lo que se hizo es abrir al mercado de sectores antes exclusivos de monopolios estatales, pero no de manera indiscriminada, sino con nuevos organismos que fortalecen la capacidad reguladora del Estado.

Al mismo tiempo, se concretaron reformas que se dirigen a combatir los monopolios privados, con el claro propósito de hacer prevalecer el interés general y defender a los consumidores. Esto es con una visión, de un contexto complejo, pero oportuno, para sacar adelante al país.

Con base en una hacienda pública fortalecida, es posible hoy dar certeza a la Reforma Educativa, tan necesaria para crear las bases de transformación del sistema de enseñanza nacional. Es un esfuerzo que ya empieza a rendir frutos y que no admite titubeos, retrocesos, ni distracciones en la coyuntura.

Por su parte, la Reforma Político Electoral y en materia de Transparencia, complementan el sentido integral de las modificaciones aprobadas y refieren la trascendencia de un ciclo transformador inédito que se concretó con 22 enmiendas constitucionales, procesadas en 22 meses.

Queda muy claro: no es la pluralidad o las diversas y distintas ideologías lo que nos ha detenido, sino la confusión de algunos de que el voluntarismo del gobernante en turno, es igual que la firme voluntad política de un Presidente de la República por cambiar y, verdaderamente, transformar el país.

De ahí, mi respeto y reconocimiento al presidente Enrique Peña Nieto.

Señoras y señores:

El General Plutarco Elías Calles en su oportunidad ante la historia, antepuso el interés público a las demandas de los grupos particulares y a las visiones de corto plazo. Garantizó el orden y la seguridad colectiva que sustentaron el desarrollo económico y político que hoy dan sentido, identidad y rumbo a la nación.

La lección más valiosa que nos legó Calles es que son las instituciones del Estado, y no las personas o grupos, las que dan permanencia a la República y las que permiten que los cambios necesarios sean exitosos, pacíficos y duraderos.

Las instituciones públicas y la integridad del gobierno determinan la solidez del Estado y la cohesión de la nación. A lo largo del tiempo, nuestra tarea es diseñar los instrumentos indispensables que perseveren en su modernización, a favor del interés colectivo.

Ese también es el sentido de las reformas que ha impulsado el gobierno de la República, construyendo acuerdos ampliamente mayoritarios.

Hoy contamos con los instrumentos para ampliar nuestra democracia política con nuevas formas de participación  ciudadana y una mayor vitalidad en la vida pública, todo ello asentado en la fiscalización escrupulosa de los recursos públicos y en instituciones electorales renovadas.

Tenemos tareas aún pendientes, sí, esto también es cierto, pero mejores condiciones políticas para acometerlas y ofrecer resultados.

Sabemos, como lo intuyó Calles en su época, que el principio político por excelencia es la búsqueda del interés colectivo por encima de cualquier interés particular.

Que lo que une, lo que construye, son los acuerdos precisos, puntuales, con sustento en la racionalidad y el respeto político, pero sobre todo observando el interés de la nación.

Hoy contamos con equilibrio y colaboración institucional entre Poderes realmente autónomos, que hacen posible buscar las coincidencias y atemperar la discordia, en beneficio del país.

Por eso hoy, al rendir homenaje al General Plutarco Elías Calles es oportuno recapitular en el enorme saldo positivo de su legado que supera con mucho sus naturales yerros. 

Porque ante las tareas pendientes y los retos a superar, es preciso reivindicar la política, la buena política, que como lo hizo Calles, hace posible conciliar, unir y encontrar soluciones a los problemas, por mayores que estos sean o parezcan.

Está demostrado que las diferencias, por grandes que sean, son superables si lo que nos identifica –insisto– es el interés colectivo.

Podemos así afianzar las instituciones de desarrollo y seguridad social para que sirvan, efectivamente, en la disminución de los niveles de pobreza y desigualdad social y regional, ya que sin un crecimiento con equidad, la República pierde cohesión.

Esta visión del presente y del futuro está inspirada en el legado republicano de Plutarco Elías Calles y en su labor ejemplar en la consolidación del Estado moderno que rinda cuentas al interés general.

Con él aprendimos a nunca renunciar a hacer política para solucionar nuestras diferencias; convivir en la pluralidad de pensamiento; que los radicalismos explican las insuficiencias; que nadie puede por sí sólo; que todos podemos si nos acompañamos; a encauzar la lucha política y a distinguir, que ésta, no es una simple riña; que los compromisos básicos del Estado en materia de seguridad y desarrollo son indeclinables y que la integridad del gobierno y de los servidores públicos es indispensable en una República como la nuestra.

Que sirvan estas reflexiones colectivas como el mejor homenaje a la persona del general Plutarco Calles en este su aniversario luctuoso.

Muchas gracias.

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