Demostramos que era posible ponernos de acuerdo por el bien de México

Palabras del Sen. Manlio Fabio Beltrones R., Presidente de la Cámara de Senadores, durante la Ceremonia del CCV Aniversario del Natalicio de Benito Juárez.

Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Licenciado Felipe Calderón Hinojosa;

Diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, Presidente de la Cámara de Diputados;

Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación;

Señor Presidente del Instituto Federal Electoral,  Doctor Leonardo Valdés Zurita;

Señora Diputada Eufrosina Cruz Mendoza, Comité Asesor Presidente de Oaxaca;

Señores secretarios del Gabinete Presidencial, distinguidos invitados, amigos todos:

 

El día de hoy nos reúne no sólo la conmemoración del natalicio de un héroe nacional y gran estadista. Nos convoca también la necesidad de encontrar en su historia, como bien se ha dicho aquí, el referente que nos permita reflexionar sobre nuestros pendientes y el rumbo que queremos dar a la nación.

 

Benito Juárez gobernó en un momento de definición para México. Enfrentó un largo período de inestabilidad política y un ambiente de confrontación, así como una intervención extranjera, que dejaron un Estado debilitado y exigieron una labor de reconstrucción nacional y reforma institucional.

 

Fue un hombre que presidió a una generación de liberales y valerosos nacionalistas, que con profunda visión y responsabilidad republicana fueron capaces de entender su tiempo; y nos demostraron que aún frente a obstáculos formidables fue posible impulsar reformas de fondo, en materia de justicia, de la hacienda pública, el sistema educativo y cultural laico y liberal.

 

Su visión de estadista permitió la construcción de un Estado laico y progresista, regido por el imperio de la ley y un ambiente de libertades civiles que aseguró la vigencia de una prensa libre y la expresión de la opinión pública.

 

Juárez fue un creador de instituciones, que comprendió claramente que cuando un país descuida las bases de su gobernabilidad, queda en riesgo la cohesión social y la estabilidad política.

 

Fue así que, sin olvidar este referente juarista, en 1990 fundamos, entre otras, ésta institución del Estado mexicano, el Instituto Federal Electoral. Ese año las diferentes fuerzas políticas donde por cierto, usted, hoy Presidente de la República, recuerdo participó desde la oposición; perfeccionamos y modernizamos el régimen político, demostrando que sí era posible ponernos de acuerdo por el bien de México.

 

Fuimos capaces de disponer el basamento institucional que nos llevaría a asegurar elecciones competidas, libres y equitativas, y renovar de manera continua y en consenso la normatividad electoral.

 

No es casual, entonces, que aquí al pie de la estatua del prócer estén inscritas sus palabras pronunciadas en el siglo XIX.

 

Por ello, hoy la ruta democrática para acceder al poder por medio de elecciones y el sufragio efectivo no está a discusión. Pero sigue siendo una tarea pendiente la creación de nuevas instituciones que propicien una nueva gobernabilidad democrática y resultados tangibles para el bienestar de la población.

 

El diseño y renovación institucional es una tarea de todos los días, que necesariamente involucra al conjunto de la pluralidad política del país, en particular cuando la sociedad duda de nosotros y desconfía de los partidos políticos, de los legisladores y sus gobernantes.

 

Reconozcamos que lamentablemente la insatisfacción con la democracia es creciente y preocupante. Razón por la cual debemos asegurar que después de la alternancia democrática corresponde modernizar el régimen, y cumplir con la responsabilidad de incorporar a la sociedad civil organizada en los órganos de gobierno y decisión pública.

 

Hoy que conmemoramos a don Benito Juárez en la sede del Instituto Federal Electoral, es oportuno preguntarnos si hemos cumplido con responsabilidad nuestros deberes con la República y los retos de la actualidad. Así como Juárez comprendió y cumplió con su tiempo, pongámonos de acuerdo en la labor de fundación y consolidación de las instituciones que el México del siglo XXI requiere.

 

La mejor forma de honrar a Benito Juárez es entendiendo que nunca hay reformas definitivas y que las instituciones de la República y su marco normativo requieren de una actualización constante para renovar las bases del consenso y de la legitimidad y autoridad del Estado.

 

Necesitamos una reforma política que incentive el consenso y no la ruptura, que permita que las fuerzas políticas puedan sentarse en la misma mesa en igualdad de condiciones, para discutir y resolver los temas relevantes de la vida nacional.

 

Necesitamos una reforma política que evite la repetición de un escenario de confrontación y encono político, como el vivido en el 2006.

 

Es prioritario que modernicemos al régimen presidencial mexicano. Superado el reto de garantizar la limpieza y la certeza en las elecciones, o sea el acceso al poder, ahora veamos las mejores instituciones para asegurarnos del ejercicio eficaz del poder.

 

Modernicemos, también, al Poder Legislativo y la calidad de la representación de la soberanía popular, para que contemos con legisladores profesionales y probos en el Congreso de la Unión.

 

El diálogo continuo entre el Ejecutivo y el Legislativo es un pendiente que debemos satisfacer, en condiciones de respeto mutuo y con madurez republicana. Si ratificación del gabinete, reelección de legisladores y reconducción del presupuesto es la vía, acordémosla, pactemos y avancemos.

 

Empecemos por recuperar la confianza ciudadana y fortalezcamos los canales de participación directa de la sociedad, que es factor fundamental de la vida democrática y la calidad de las decisiones públicas.

 

Reconozcamos las candidaturas ciudadanas, el referéndum y la iniciativa preferente para ciudadanos y el Ejecutivo Federal.

 

Hagamos una reforma política que sea capaz de crear las nuevas instituciones que permitan consolidar nuestra democracia, nos lleve a un mejor entendimiento entre las fuerzas políticas y ponga orden a la participación de los actores económicos, a través de verdaderos órganos de regulación del Estado mexicano. Certeza jurídica y competencia resultan la combinación correcta.

 

Recordemos que construir acuerdos es posible cuando hay voluntad y compromiso.

 

Estamos a tiempo para encarar con entereza los desafíos del México de hoy. No renunciemos a nuestro compromiso de construir las nuevas bases para la gobernabilidad y el crecimiento económico. En ello nos va el destino del país.

 

Recordemos que los tiempos de la política no pueden ni deben ser distintos a los tiempos de la sociedad.

 

Tenemos la oportunidad de honrar dignamente la memoria de Juárez, viendo el pasado, entendiendo nuestro presente y visualizando nuestro futuro, sin revanchas ni rencores, haciendo prevalecer el acuerdo.

 

Bien lo decía Juárez hace 162 años, en un discurso que pronunció ante el Congreso de Oaxaca: “No es sólo la fuerza de las armas la que necesitamos en la presente lucha. Necesitamos de otra más eficaz: La fuerza moral, que debemos robustecer, procurando al pueblo mejoras positivas, goces y comodidades”.

 

Señoras; Señores:

 

Esta es una hora importante de México y de la modernización de las instituciones. No debemos regatear a la República la oportunidad de concretar los cambios que la sociedad y la dinámica internacional demandan.

 

En el Senado de la República nos esforzamos en fortalecer el diálogo y la colaboración institucional entre los poderes públicos, para impulsar los cambios y reformas que necesitamos.

 

Tengamos la osadía de emular a Benito Juárez y la pléyade de liberales y reformadores que reconstruyeron las instituciones y preservaron la soberanía nacional.

 

 

Muchas gracias.

 

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