Conferencia en el ITESM, campus Ciudad de México.

 

Pregunta.- Mi pregunta va encaminada a más o menos qué mecanismos más específicos incluye o se podría proponer incluir para garantizar realmente que en esta reforma política, que busca ser más equitativa, se puedan incluir temas específicos de minorías, como es por ejemplo la paridad y la participación de los jóvenes en estas decisiones tan importantes que se están tomando de las cuatro patas que usted puso sobre la mesa. Gracias.

 

Pregunta.- Mi pregunta gira en torno a la legitimidad en las elecciones presidenciales, y es breve. ¿Por qué en México todavía no existe la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, como ocurrió en Brasil y Perú?

 

Respuesta.- Tu preocupación está –así lo entiendo y si no me corriges–, en qué  mecanismos podría contener la reforma política, sobre todo para motivar, asegurar una mayor participación de la juventud en política en estos momentos, en el que hay una baja credibilidad en el quehacer político y de los partidos políticos.

¿Esto de paridad, entendería de género? De género, correcto.

Creo, insisto, que la reforma política que le regresa a los ciudadanos la posibilidad de participar sin necesidad de estar afiliado o ser postulado por un partido político, nos lleva a avanzar en el interés, sobre todo de la juventud, de ver otra vez la política como un oficio noble y legítimo para acceder al poder, porque todo parecía, encabezado por los partidos políticos, como los únicos propietarios del derecho de postular candidatos, de que todo estaba perdido.

Hoy ustedes pueden organizarse y participar como ciudadanos con candidaturas independientes, pero también participar en los referéndums o hacer una iniciativa.

Nosotros creemos que el 30 por ciento de la población que se encuentra en el rango de los 30 años, podrá obtener, con ello, un nuevo entusiasmo por ver la política y el desarrollo político del país. Esa es la intención.

En el tema de la paridad en lo personal creo –porque tuve una discusión ahora en el Senado–, que seguirla trabajando alrededor de las cuotas no es el camino correcto.

Ya hicimos un ejercicio, que por cierto en algunos momentos ha dado mucho qué decir, por no hablar que nos ha generado cierto bochorno, como este último que se vivió en la Cámara de Diputados, en el llamado proceso de las “juanitas”, aquellas que aparecieron como titulares porque se tiene que cubrir una cuota, pero acompañadas de un varón como suplente y que las hicieron renunciar para que éste pudiera subir a ser propietario.

En verdad que el tema de la cuota siempre invita o no desaparece a los tramposos.

Ahora lo que me proponían en una reforma electoral, era que las suplencias de las candidaturas propietarias de mujeres fueran ocupadas también por una mujer; bueno, eso obligaría entonces a que las candidaturas de los suplentes de los propietarios varones, fueran ocupadas por un varón. Esto es la distorsión total de lo que puede ser el ejercicio de la política. 

Confío más en que la educación, que cada vez es de mayor calidad, sobre todo en estas instituciones, haga que las mujeres vengan a destacar por su mérito propio y por una lucha que acabará o no en el momento en el que ustedes logren mayores posiciones que las que hasta ahora han alcanzado.

Cada vez la mujer aparece como uno de los elementos básicos, en donde –y está probado–  asegura honestidad en el cargo.  Y esto cada vez es más apreciado también en nuestra sociedad.

Si de paso lo acompañamos con la calidad y el profesionalismo, iremos en la ruta correcta.

Respondería entonces, una reforma política que ciudadaniza la política, no le da más privilegios a los partidos; gira alrededor de lo que estás comentando, de qué mecanismos específicos pueden entusiasmar a los jóvenes. Y una concientización, que no es a través de las cuotas como lograremos la paridad, sino a través de la calidad que va existiendo ya en las mujeres que participan, nos asegurará que siempre se queden ahí.

Por otro lado, se hace una pregunta que ha estado en el ambiente. La segunda vuelta electoral se propuso por parte del Partido Acción Nacional y del Presidente de la República, pensando que la segunda vuelta electoral resolvería el grave problema que vivió el señor Felipe Calderón, de quien decían era ilegal, ilegítimo, espurio, y le inventan cada cosa, simplemente porque quedó a medio punto del más cercano competidor, que fue Andrés Manuel López Obrador.

Andrés Manuel si hubiera quedado medio punto arriba, no aceptaría que le dijeran todas esas linduras; pero, entonces, dice el Partido Acción Nacional y el Presidente “esto se resuelve con una segunda vuelta”, porque nos llevaría a que los dos más votados fueran a una nueva elección, y entonces ahí sí conseguiría el 50 por ciento de la votación uno de ellos.

Sí, la mecánica aritmética parece no fallar en ello. Si son dos los que compiten, alguien debe tener más del 50 por ciento; pero, el problema no está en el Ejecutivo, que tenga más del 50 por ciento de los votos.

¿Cómo resolvemos el problema del Legislativo? ¿Lo llevamos también a una segunda vuelta, a los diputados y a los senadores? Porque las Cámaras van a seguir estando divididas, en donde ningún partido político tenga mayoría.

Si tenemos un Presidente que hipotéticamente con la segunda vuelta haya resuelto su problema de la legitimidad, pero no resolvemos el de la funcionalidad del Presidente con el Congreso, porque el Congreso sigue dividido, ¿de qué nos ayuda la segunda vuelta? A menos que llevemos la segunda vuelta a las Cámaras.

Nada más que si llevamos la segunda vuelta a las Cámaras, tendremos Cámaras bipartidistas. Se acabará la pluralidad, solamente llegarán dos partidos políticos.

Hay quienes dicen que eso sería lo mejor, no lo creo. Creo que ya llegó el momento en el cual debemos tener gobiernos compartidos y no divididos, y que eso es de cultura política, por eso no llegamos a la segunda vuelta electoral.

Pero hay un mecanismo que podría resolver tu preocupación y la mía, la calidad de los buenos gobiernos.

¿Cómo nos acercamos a mejorar la calidad de los gobiernos? Creo –y lo he propuesto, pero parece que al Presidente no le gusta o a quienes quieren ser presidentes– que sus nombramientos deberían ser calificados en calidad por el Senado de la República.

Pondré el ejemplo de lo que está pasando en un presidencialismo del partido hegemónico, un presidencialismo absoluto, que sigue existiendo.

El presidente anterior dijo que había contratado unos head hunters para nombrar a su gabinete. He preguntado a varios de sus colaboradores, le he dicho a Santiago Creel, quien fue secretario de Gobernación; le he dicho a Jorge Castañeda, quien fue su secretario de Relaciones Exteriores: “Ustedes son producto de los head hunters”. Y me dijo “ni madres”, yo no soy producto de eso, me la jugué con Vicente y le pedí esa posición”. Le conteste “entonces a nosotros nos engañaron, nos dijeron que los head hunters habían seleccionado a su gabinete”. Creo que la única seleccionada por los head hunters fue a la secretaria de Turismo y la corrió Vicente como al año y medio, para meter a uno de los suyos. Gobierno fallido, con las viejas fórmulas.

Este gobierno ya nombró a tres secretarios de Economía en cuatro años, a cuatro secretarios de Gobernación en cuatro años, dos secretarios de Educación –siquiera que supiera–, y está a punto de nombrar al tercero, porque el actual anda en campaña promocionando su libro sobre los orígenes del Partido Acción Nacional (PAN), en lugar del libro de texto gratuito.

Creo que lleva tres secretarios de Comunicaciones y Transportes. El problema no es que lleve tantos, sino que ninguno sepa de la disciplina.

En este sistema se nombra secretarios a quienes quiere el Presidente en turno que aprendan. No llegan los que saben, sino los que quieren aprender.

Lo pongo en el último ejemplo. Llegan dos muchachos brillantes a las Secretarías de Energía y a Comunicaciones, los dos brillantes, pero ninguno sabe de energía ni de comunicaciones.

Observé una entrevista del Secretario de Energía –de verdad muy talentoso– José Antonio Meade, y le preguntaron: “Usted qué sabe de energía”, y respondió “Yo fui subsecretario de Hacienda, y en Hacienda se sabe de todo”.

Yo me pregunataba: “Y por qué no lo hicieron secretario de la Defensa Nacional o de Agricultura, si ahí se sabe de todo”

Quiero decirles que nosotros también lo hacíamos, el PRI. Recuerdo en el año 2000, cuando sale como candidato Francisco Labastida, el Presidente Zedillo, no sabía qué hacer con el presidente del PRI, un magnífico abogado, José Antonio González. El Presidente dijo “qué hacemos con él, porque aquí no funciona”; por ahí le dijeron que estaba desocupada la Secretaría de Salud y lo mandaron a esa dependencia.  Creo que no hizo mal papel, pero qué tenía que hacer José Antonio en la Secretaría de Salud.

Si existiera el mecanismo de la ratificación de los miembros del gabinete, estoy seguro que el Presidente se esmeraría más en cuidar sus nombramientos. Mandaría gente más capaz ante la vergüenza que podría significar que rechazaran ese nombramiento.

Mientras no exista la ratificación, el Presidente en turno podrá seguir acudiendo al nombramiento de cuates o de cuotas, porque hay cuotas; a veces llega el rico que apoyó y dice “yo quiero Comunicaciones” y llega otro rico “Yo quiero la Secretaría de Economía”. Esa es una cuota.

El Presidente dice:“Fulano ha sido fiel y leal conmigo, qué haré con él. Si está desocupada la Secretaría de Energía, háganlo secretario de Energía”. Eso marca un retroceso en el país.

Lo puse sobre la mesa, pero no les gustó, me decían que eso nos llevaba a un régimen parlamentario. Nada más falso.

Los regímenes parlamentarios no tienen lo que se llama ratificación, los regímenes presidenciales son los que tiene. Si hay un régimen presidencial, por antonomasia, el más puro y el más viejo que lo tiene es Estados Unidos.

Ahí, aunque se vuelva loco el Presidente en turno, sus nombramientos siempre pasan por la criba del Senado de la República. Eso se llama un gobierno con certeza.

En fin, por eso no pasó la segunda vuelta.

 

P.- Con respecto a la parte que comentaron de pluralidad, está bien que tengamos pluralidad, pero en realidad el pueblo mexicano no sabe nada de las medidas.

Recuerdo que en 2006, cuando se hicieron todos los debates, decían que mejorarían las cosas, pero nunca escuché una puntuación clara de lo que querían hacer; ¿No sería bueno que se hiciera una reforma política acerca de esas situaciones?

 

P.- Buenos días, mi pregunta es: ¿Cree que dada la situación económica del país, haya sido prioridad cambiar la sede de la Cámara de Senadores?

 

R.- En estos momentos en los cuales se acerca nuevamente la contienda presidencial, dentro de mi partido encabezó una corriente, que quiere invitar a pensar a los priistas.

Primero, para qué queremos ganar en el 2012, hay que debatir y decir a la gente “Si nosotros volvemos a tener tu confianza queremos hacer mejor las cosas” y esos debates transparenten las intenciones de los partidos políticos y de los políticos que compiten.

Si nosotros no preguntamos antes a los partidos políticos y a los candidatos a dónde nos quieren llevar, cómo seguirlos entonces.

Solamente mediante la mecánica de “la matraca” aquélla que invita a no pensar, sino simplemente hacer ruido.

Eso ya lo estamos discutiendo, pero opino que todos los partidos deberían hacer un ejercicio similar, para que la gente sepa a dónde lo quieren llevar, no que te des cuenta hasta que te digan que vas al paredón, como en las últimas ocasiones ha sucedido.

No nos han llevado al empleo, al crecimiento, a la seguridad y a ningún lugar de los que hayan dicho.

Hoy hay que generar esa discusión, ¿para qué quieren el poder?, ¿para qué quieren regresar al poder?

Coincido mucho contigo, y esa es la única manera en la que el pueblo va a tener mayor claridad.

Esta reforma para los ciudadanos puede ayudar mucho a que los partidos políticos se esmeren, porque de no ponerlo claro, puede salir un candidato independiente a decir cosas mucho más interesantes que los partidos políticos, y ahí se abrió la competencia.

El Senado en el Siglo XIX desapareció por unos años, no obstante que veníamos de una Constitución bicamaral, posteriormente Juárez intentó restablecerlo y Lerdo de Tejada fue quien a finales del siglo XIX logró nuevamente generar la idea de que no debería unicamaral lo que es el Poder Legislativo, sino bicamaral, y para eso se necesitaba el Senado y se restableció.

A partir de ello, el Senado empezó un periplo, primero de prestado en Palacio Nacional, ahí sesiono durante más de 12 años de prestado, hasta que lo sacaron y ahora se llama Salón Embajadores; se fue a una parte en Donceles en donde también rentó un edificio y ahí se quedó; posteriormente pudo comprar la Casona de Xicoténcatl que era un hospital –dicen que todavía sigue siendo ahí, porque muchas gentes salen lesionados–, pero solamente tiene un recinto en donde se sesiona.

Y el Senado renta 12 edificios distribuidos en todo el espacio del Distrito Federal que cuestan cerca de 135 millones de pesos anuales, las rentas.

Le decía a un periodista que me entrevistaba el otro día, curioso con algunas cosas, le dije, tú estas más enojado que mi casero, porque le estoy dejando de pagar 135 millones de pesos.

El año 2000 –afortunadamente me encontraba afuera del ejercicio político y en mi despacho de consultoría– se inició un esfuerzo en el Senado por conseguir primero un terreno propio, posteriormente en el año 2002 se hizo un concurso para que alguien trabajara sobre le proyecto para construir una sede del Senado.

Hoy en día lo que tenemos es una sede que es digna de un poder.

Veo  a los poderes fácticos que no rentan sus locales, los veo dueños y poderosos de su patrimonio, y los Poderes del Estado, viviendo de prestado o rentado.

Los Poderes reales deben de tener asentamiento real, propio, poderoso, para que nadie esté por encima de ellos.

¿Sabes que el Capitolio en Washington se construyó con ese propósito? y que en Washington no puede haber un edificio más alto que el Capitolio, para que todos sepan que nadie puede tener más poder que el Estado.

Pero aquí el Senado vivía de rentado, es un edificio público, que se quedará ahí para las próximas legislaturas y que ya no pagará renta.

Las monarquías hacen sus palacios. Las democracias hacen sus edificios del Estado. Vivir de rentado y de prestado, es no vivir como Estado.

Creo que ese fue el propósito que animó a quienes desde hace mucho tiempo querían un edificio propio.

Te agradezco la pregunta y espero que la haya respondido.

 

Muchas gracias.

 

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