Aprobación de la Reforma Política

Versión de las palabras del senador Manlio Fabio Beltrones R., Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI y presidente de la Junta de Coordinación Política, sobre la Reforma Política.

 

Con su permiso señor presidente;

Finalmente, después de más de cuatro años, llegamos a un momento –como el de ahora– en el cual se hace una declaratoria sobre una reforma política tan importante y necesaria para el país.

 

Cómo no recordar después de las elecciones del 2006, que todos nos convocamos a reflexionar alrededor de las necesidades políticas en este país y la modernización urgente de su sistema político, mediante una Ley para la Reforma del Estado, que nos llevó al Palacio de Minería, en donde las voces de todos los partidos políticos se hicieron escuchar; donde los ciudadanos libremente también pudieron expresar buena parte de sus preocupaciones, sus motivaciones y propuestas de solución a los problemas

 

Mucho se habló, como aquí se dijo hace un momento, de un sistema político en crisis, de aquel que no había sabido actualizarse rápidamente; que solamente habíamos podido vivir lo que es la necesaria alternancia en el poder –que parecía sumamente difícil de aceptar por algunos–, pero nunca la transición de un sistema político a otro.

 

Cómo lograr uno y la otra, de tal suerte que juntos nos llevaran a tener posiciones, actitudes mucho más civilizadas en la pluralidad.

 

Un primer producto vino a surgir de esas reuniones –que por cierto hoy se encuentra a debate–, una reforma electoral, que actualizó la legislación para evitar que en el futuro volvieran a suceder todos esos eventos que se criticaban en el 2006.

 

Habríamos de acercarnos a la elección del 2009, menos conflictuada que la del 2006. Y a la del 2012, todavía en debate en estos momentos, al pasar sobre la calificación del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

 

Pero muchos de los elementos de las elecciones de ese 2006, pudieron ser corregidos en la legislación que surgió motivo de la reflexión.

 

Hoy, estoy seguro, que al terminar la contienda, como lo ordena esta legislación, al final de la jornada en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a más tardar el 6 de septiembre, habremos de reflexionar nuevamente sobre cómo perfeccionar nuestra democracia y seguir avanzando en consecuencia.

 

Yo quisiera con ustedes nada más hacer una reflexión de hasta dónde pudimos llegar. Si bien es cierto, como bien se dijo en esta tribuna hace un momento, hubo asignaturas pendientes que quedaron a resolver en el futuro, las mencionaron aquí:

 

La revocación de mandato, tan urgida por algunos grupos e incluida en varias iniciativas.

 

La reelección legislativa, que por cierto muchos de nosotros reflexionamos si no debe pasar antes por una Ley de Partidos Políticos, para evitar darle a estos partidos mayor importancia que a los ciudadanos, y sobre todo al valor de la reelección para la profesionalización.

 

La reconducción presupuestal, tan importante también como para poder darle a México mucha más claridad y sobre todo certidumbre de orden jurídico.

 

Pero nos concentramos en lo que era esencial. Si había que definir un sistema político adecuado a la idiosincrasia, a la cultura en México, este debería ser el presidencialismo mexicano.

Mucho se habló sobre avanzar a un semiparlamentarismo, un parlamentarismo, un semipresidencialismo; pero, al final concluimos que era el presidencialismo. Y para ello la modernización del mismo, a fin de que lográramos mejores resultados en el futuro y que evitáramos en el momento de modernizar la figura presidencial, caer en discusiones si era el voluntarismo puro del Presidente en turno el que nos podría hacer avanzar o retroceder, y no la legislación específica la que nos garantizaría siempre un avance definitivo y ahuyentar los fantasmas de la regresión. Y por eso optamos discutir sobre ello.

 

Creo que llegamos a modernizar el presidencialismo, a obtener nuevos instrumentos para dialogar entre Poderes, dentro de la pluralidad. Y coincidimos que era importante darles más poder a los ciudadanos que a los partidos políticos.

 

¿Cómo no entender entonces que sí alcanzamos buena parte de la meta?

 

Modernizar el presidencialismo, no lo podríamos entender sin haber resuelto en buena parte lo que ya se ha comentado y bien en esta tribuna, de darle certeza jurídica al acto protocolario y legal de “protestar cumplir y hacer cumplir la Constitución” por parte del Presidente de la República.

 

¿Cómo no pensar que estamos modernizando el presidencialismo mexicano, sí logramos poner claridad en la Constitución  alrededor de las ausencias temporales o absolutas del Presidente de la República? Asunto que veníamos arrastrando desde hace varios años.

 

¿Cómo no pensar que logramos modernizar el presidencialismo, sí le hemos puesto un plazo fijo al estudio y la sanción sobre las cuentas públicas en este país, que son tan necesarias para adquirir transparencia? Cuestión sobre la que todavía se debate, sobre todo en la Colegisladora.

 

¿Cómo no pensar que estamos modernizando el presidencialismo mexicano, sí hoy la Constitución –a partir de la declaratoria del Presidente de la Comisión Permanente y del Senado de la República– permite darle más autonomía a los órganos reguladores de la economía mexicana, secuestrados desde hace tiempo por un presidencialismo antiguo?

 

¿Cómo no pensar que tenemos nuevos instrumentos para dialogar entre Poderes, hoy que es tan necesario que eso suceda? Ritmo que perdimos cuando un solo partido político perdió el control sobre el Congreso; cuando entramos a la pluralidad, pero no nos modernizamos. Y que debido a ello aparecieron, sobre todo en ocasiones en demasía, la manera de dialogar entre Poderes controversias, acciones de inconstitucionalidad y amparo, mismos que detienen en buena parte al país por no resolverlos con agilidad.

 

Hoy, a partir de esta declaratoria, el Presidente de la República, sí, tiene iniciativa preferente. Puede señalar las iniciativas que él considera deben ser resueltas por el Congreso rápidamente; por el sí, por el no o por el sí modificado.

 

¿Cómo no pensar que se moderniza el Presidencialismo, cuando ya habíamos trabajado  sobre el famoso veto de bolsillo del Presidente de la República?

 

Hoy en día ni el Presidente podrá congelar los decretos del legislativo, ni el legislativo se podrá atrever a congelar las iniciativas del Presidente. Esa es una nueva forma de dialogar entre Poderes.

 

¿Cómo no pensar que también le hemos dado nueva vida a esa interlocución entre los Poderes, sin negar la pluralidad, cuando también modificamos en razón de la legislación de amparo, el Artículo 94 Constitucional en su párrafo IX, mediante el cual se establece también que los Poderes –el Ejecutivo y el Congreso– podrán señalar las acciones de inconstitucionalidad, las controversias constitucionales que se encuentren en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para que sea el Poder Judicial quien las resuelva de manera rápida y conveniente?

 

Nunca más esos retrasos de cerca de 300 días para acciones de inconstitucionalidad, o 500 días para resolver controversias constitucionales entre Poderes.

 

Cuando éstas en ocasiones llegan a resolverse, los gobiernos están a punto de irse. En verdad que no es la mejor forma de dialogar modernamente.

 

Y cómo no pensar también que esta reforma política nos da más poder a los ciudadanos que a los partidos políticos, cuando trae incluida la consulta popular que puede ser perfeccionada, pero al final de cuentas admitida.

 

Candidaturas independientes, en donde se puede ya resolver en buena parte los vicios en los que han caído los partidos políticos.

 

Iniciativa ciudadana, mediante la cual muchos de los grupos que tienen representación, pueden acceder a la misma para hacerse valer como voz en el Congreso.

 

Cómo no pensar que les damos más poder a los ciudadanos cuando tenemos unas cláusulas de representación logradas en la Asamblea Legislativa, parecidas a los topes de representación que ya teníamos en la Cámara de Diputados.

 

Hemos logrado, en sí, resolver muchos de los asuntos pendientes que teníamos. Lo hemos hecho en la pluralidad, en el respeto que nos debemos unos a otros; en darle valor al diálogo, en saber que la discusión es saludable y que los acuerdos son necesarios.

 

Ceder, conceder, negociar, conciliar, acordar, convivir, es avanzar.

 

Hoy, aquí en el Congreso, en esta Comisión Permanente y después de esta declaratoria, es que estamos seguros que hemos privilegiado la política como el instrumento más importante del oficio que nosotros hemos señalado como parte de nuestra vida y que nos permite entonces decir que estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad.

 

Muchas gracias.

 

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