A través del orden es como se consigue fijar un rumbo distinto

Conferencia del senador Manlio Fabio Beltrones, coordinador del Grupo Parlamentario del PRI y Presidente de la Cámara de Senadores al participar en las Jornadas Académicas de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública Mi visión de país 2020, en la Universidad Iberoamericana.

 

Muchas gracias.

 

Quisiera aprovechar la oportunidad para agradecer al Presidente de la Sociedad de Alumnos, a la Universidad, a su Rector, y a través de ellos a todos ustedes, esta oportunidad de charlar el día de hoy sobre distintos asuntos y tópicos de la vida nacional, pero sobre todo del futuro, porque mucho me he preguntado yo:

 

¿Qué es lo que puede interesarle al grupo mayoritario de población, que son los jóvenes entre 18 y 24 años, sobre lo que viene en la coyuntura en el futuro? ¿Por qué deben –sobre todo quienes estudian ciencias políticas–, interesarse también en lo que va a pasar en México o debe pasar en México en los próximos años?

 

Cuando me hacen una pregunta, que es siempre obligada en cualquier conferencia de prensa, ¿usted va a participar en las elecciones del 2012? Mi respuesta obligada también es que no hay mucha gente a la que le interese cuál es el futuro del senador Manlio Fabio Beltrones.

 

La mayoría de la gente está interesada en su futuro, en qué es lo que va a pasar en este país, y  por ello  impulso  –desde mi trinchera que puede ser el Senado o mi militancia partidista–, una discusión que debe imponer ¿Para qué quieren los partidos políticos ganar las elecciones en el 2012? ¿Qué quieren hacer, sobre todo después de ganar, con el poder que van a adquirir?

 

¿Será verdaderamente para cambiar la situación en el país? ¿Para mejorar las condiciones de vida? ¿Para garantizar una nueva gobernabilidad –ojo–  que es tan necesaria, tan urgente?

 

Yo quisiera robarles, de este espacio de tiempo, unos minutos solamente para hacer una reflexión, que necesariamente debe acompañar las ideas, las propuestas y la visión de futuro, que he construido junto con un grupo de amigas y amigos senadores, diputados y militantes partidarios de distintos organismos políticos, pero que tiene un eje.

 

México tiene –y ustedes lo van a reconocer, acabamos de salir de la celebración del Bicentenario y el Centenario, el de la Independencia y el de la Revolución–  necesariamente que abordar sus temas a través de juez del conflicto que generan las circunstancias, la desigualdad o la necesidad de muchos por progresar más rápidamente, que institucionalizar su vida para evitar que el conflicto se vuelva a presentar.

 

Eso sucedió con la Independencia. Al institucionalizarla, después de andar buscando hacia dónde se dirigía; si seguía el Imperio, sí lo hacía en República, si lo hacía con Presidentes, si lo hacía con sustitución de un Rey o lo que quisieran parecido, llegó a establecer ciertos equilibrios.

 

Y posteriormente lo tuvo que hacer en la reforma. Lo institucionalizó también en leyes y en Constitución, lo cual le dio sobre todo lo que puede ser equilibrio, después de la Revolución.

 

Hace muy poco celebramos el 5 de febrero, en donde yo sostenía, en un acto público, que la Revolución verdaderamente terminó cuando se hizo Constitución, cuando todos los grupos que combatieron y debatieron de distinta manera, se pusieron de acuerdo en cuáles eran las reglas sobre las cuales iba a girar la participación de todos y cada uno de ellos.

 

Y esas reglas tenían que respetarse. Si acaso habría que variarlas porque el mundo cambia, se harían las modificaciones necesarias para poder tener reglas entre todos nosotros, que pusieran en el país orden, porque a través del orden es como se consigue fijar un rumbo distinto después del 17.

 

Voy a poner tres fechas que obligaron, urgieron a crear instituciones importantes en el país. Tres fechas cercanas a su vida, cercanas a la edad que ustedes tienen, adicionalmente de las históricas que las dominan completamente.

 

En 1976 hubo una elección en este país, después de un prolongado periodo de gobierno de un solo partido político –que es en el que yo milito–, cuando el candidato a Presidente de la República salió al país para recorrerlo, en una “reñida” contienda, en donde ¡no había candidato de oposición!.

 

Seis meses recorriendo el país, José López Portillo, tratando de convencer a los mexicanos que votaran por él, cuando no había un candidato que hubiera registrado partido político alguno.

 

El mismo PAN se dividió en aquel momento. El Partido Comunista, que postuló un candidato, no existía; era el que acompañaba entonces a López Portillo.

 

Terminó esta “reñida” contienda y tomó posesión. Y ahí, un inteligente mexicano, un politólogo ilustre, Jesús Reyes Heroles, al conversar con él le dijo: “esto no puede continuar así, vamos en una ruta parecida –1976– a lo que era el Partido Comunista en Rusia, en la Unión Soviética, hay que hacer una reforma”.

 

Y es así como surgieron estas fórmulas que invitaron a las minorías a empezar a participar, hacerse presentes en la vida nacional y a través de ellos crecer en la competencia.

 

Las Cámaras se pluralizaron. Surgió –como no tenían acceso a través de los votos–, la fórmula de la representación proporcional, que es la pluralidad que hoy se vive en la Cámara de Diputados.

 

Muchos se preguntan: ¿Por qué es una Cámara de 500? ¿Por qué es tan grandota? El asunto de las Cámaras no es su tamaño, es su funcionalidad. ¿Sirven o no sirven? Más que si son 500, si son 400, si son 300.

 

En aquellos momentos se inventaron los diputados plurinominales. No nada más eso, se dio el registro a partidos políticos que parecían en aquella época, la Guerra Fría que todavía existía –ustedes la han estudiado en libros—entre la Unión Soviética, los Estados Unidos, los grandes bloques. Partidos políticos, el Partido Comunista al que se le dio el registro.

 

Y al Partido Demócrata, que era la vieja esencia del sinarquismo, que también andaba haciendo sus esfuerzos. Ahora se institucionalizaron modernamente con una fortaleza alrededor de un grupo de participación, que se le denomina yunque y otras cosas, pero eran los más importantes militantes de este partido y ahí estaban presentes.

 

Lo que se trataba era de airear, oxigenar, meter en la Constitución la necesidad de la pluralidad y la participación. ¿Por qué? Por la crisis, la crisis de esa elección del 76.

 

Luego vino otra crisis, porque tardó un poco en llegar la misma, debido a este gran cambio. La otra gran crisis es la elección del 88.

 

Por primera vez, yo creo, el candidato del partido político ganador, que era el PRI,  no había obtenido el 50 por ciento u obtuvo el 50 por ciento rayando apenas el límite de los votos del padrón electoral, pero eso ya en el 88 significaba falta de legitimidad, porque la legitimidad se obtenía si se obtenía el 50 por ciento de los votos o más.

 

Estábamos lejos de estas fechas en las cuales hay un Presidente que gobierna con el 37 por ciento de los votos, o el anterior Presidente que gobernó con el 42 por ciento de la votación.

 

Pero en ese momento hubo crisis. Crisis que tuvo que ser reconocida en el momento en que se instala con dificultad el gobierno de 88, el de Carlos Salinas, y entonces empezamos a trabajar sobre otras reformas.

 

En ese tiempo yo era senador de la República, con otro sonorense, con Luis Donaldo. Luis Donaldo fue al PRI, yo fui a la Subsecretaría de Gobernación, y juntos trabajamos sobre una reforma política.

 

¿Qué reforma política se hizo en ese momento para poder instalar la tranquilidad del país?

 

La reforma que vio nacer el IFE, porque entonces las elecciones ya no las iba a hacer el gobierno. Antes las hacía el gobierno. Había una cosa que yo presidí, que se llamaba Comisión Federal Electoral, presidida por el secretario de Gobernación, y el subsecretario de Gobernación era el secretario técnico, el que hacía las elecciones desde el gobierno.

 

Había otra que se llamaba Colegio Electoral donde se calificaban las elecciones, estaba en la Cámara de Diputados o en la Cámara de Senadores; calificaban las de ellos y la del Presidente.

 

Y había una credencial que rodaba ahí pero como un documento en el que nadie creía. No había una Comisión Nacional de Derechos Humanos. Los derechos humanos estaban en la calle protegidos por quien quisiera, no el Estado. Y no había lo que pueden ser órganos que corrigiesen la vida institucional.

 

Trabajamos sobre ellos, y se hizo una gran reforma institucional que permitió que se encauzara nuevamente el diálogo, porque nadie, absolutamente nadie de los otros partidos políticos, querían platicar con ese gobierno. Ya en aquel momento se hablaba de gobiernos ilegales, no nada más ahora; o espurios, no nada más ahora.

 

¿Por qué? Porque las reglas no se habían establecido bien. En el momento en que se reanuda el diálogo empiezan las reformas, empieza el Tratado de Libre Comercio a negociarse, empiezan a surgir instituciones mejores de gobernabilidad y todas alrededor de la Constitución.

 

La crisis viene a presentarse nuevamente hasta el 2006, porque no reformamos más instituciones, pero pasó por un momento de crisis también, que muchos no identificamos.

 

La crisis se dio en el 2000, porque gana el candidato de un partido distinto al que gobernaba hasta entonces, y se vuelve tan popular por ser el primer Presidente de un partido distinto que se hace cargo de la Presidencia de la República, que enmascara la enfermedad que está viviendo el sistema político.

 

El sistema político ya no podía gobernarse a la tradicional, la tradicional era con el partido hegemónico, tenía que sufrir cambios, porque la pluralidad había venido a imponerse sobre el partido único y el sistema político y el sistema presidencial debían de modernizarse.

 

Como el Presidente Fox era tan popular, que llegó al punto en el que declaró el 80 por ciento haber votado por él, aunque el 42 por ciento nada más estuvo votando por él, hizo los efectos que la cortisona hace en una enfermedad, la enmascara hasta que truena el cuerpo.

 

Si a un enfermo le aplican cortisona, parece sentirse bien; hasta el final, cuando la enfermedad se hacer cargo del cuerpo.

 

Eso nos pasó del 2000 al 2006. En el 2006 viene una contienda difícil de carácter electoral, y ahí es donde la enfermedad se presenta.

 

El Presidente que gana –según el Tribunal Federal Electoral—lo hace con el 37 por ciento, escaso; ya no el 42, a la baja. La pluralidad es más presente en el Congreso y los acuerdos se dificultan. Es más, estuvo a punto de no tomar posesión.

 

Hay gente que se pregunta “bueno, tomó posesión porque el PRI lo ayudó y el senador Beltrones también lo ayudó”. No, él tomó posesión porque el Tribunal Federal Electoral dijo que ganó.

 

Y nosotros habíamos creado el Tribunal Federal Electoral –si ustedes lo recuerdan–  desde el 88, para que las elecciones no las calificara el Congreso, por eso es que tomó posesión; porque la vida en México y la política merecen llevarse a cabo institucionalmente, con leyes, con códigos. Por eso yo combato mucho los decretos del Presidente, los combato muchísimo.

 

Los combatiría también en Venezuela, porque los decretos duran hasta que el Presidente quiere. Las leyes y la Constitución permanecen y dan orden.

 

Podríamos decir que la inflación de decretos devalúa la ley, y eso no lo debemos permitir. Tenemos que ir trabajando institucionalmente.

 

Tenemos ya las crisis que se han vivido, pero ¿cómo se combaten las crisis? Con reformas, con cambios, con nuevos instrumentos de gobernabilidad. Esos son los que muchos de nosotros venimos impulsando.

 

Desde hace tiempo venimos trabajando sobre una reforma del Estado, algunos pasos ya hemos dado, y sobre una reforma política; pero ¿dónde está esa reforma política? ¿Dónde quisiéramos que estuviera esa reforma política? En reconocer que es necesario mejorar la gobernabilidad a través de que el presidencialismo se modernice.

 

Que las Cámaras –ojo–  también lo hagan, y que a través de ellas dos el Poder Judicial funcione mejor, porque es así como se trabaja.

En el presidencialismo antiguo, que conocimos del partido hegemónico, era muy fácil. Quiero decirles que yo he vivido el presidencialismo antiguo, viví la alternancia, trabajo en ella y quiero la transición. La transición es por dónde va ese presidencialismo.

 

El antiguo, decía, un solo partido, tiene el poder en la Presidencia, en el Congreso y a través del Congreso en la Suprema Corte de Justicia, porque recuerden que es un nombramiento compartido, es una elección indirecta la de la Corte, la del Poder Judicial, y entonces un solo partido se instalaba con reglas no escritas, que exigían que los Presidentes fueran moderados –no lo lograban algunos mucho–, que no hubiese excesos y otras cosas más.

 

Las reglas escritas de un presidencialismo antiguo, pero seguimos con esas reglas de un presidencialismo antiguo instalado en una sociedad moderna.

 

Yo escucho a muchos de mis compañeros políticos, ustedes que también hacen política, que siguen diciendo que es necesario hacer los cambios en México. Y yo les quiero decir a ustedes que México ya cambió, desde hace rato cambio; los que no hemos cambiado somos muchos de nosotros, ni hemos cambiado las instituciones para que se cambio que ustedes están haciendo en México, funcione mejor.

 

Yo lucho mucho porque logremos que el Poder Ejecutivo mejore. Sí, trabajo alrededor de una fórmula que incluya la necesaria ratificación de los miembros de gabinete en el futuro.

 

Algunos puede decir “esa es una fórmula parlamentaria”. Y yo les digo a quienes lo comentan, a veces desde el gobierno, algunas gentes que dicen que saben “yo no conozco parlamento en el mundo que tenga ratificación, yo conozco presidencialismos, antiguos y modernos que tienen ratificación para mejorar la calidad de los gobernantes”.

 

No es ninguna cuestión personal, pero yo les he dicho a algunos empresarios muy importantes, que ellos están deseosos, entusiasmados con que termine el gobierno del Presidente Calderón, porque piensan contratar a la mayoría de sus secretarios como directores de su empresa.

 

Todos se me quedan mirando y me dicen: “No, muchos de ellos ni como gerente de sucursal”.

 

Y les digo: “Y por qué son secretarios de Economía, de Comunicaciones de mi país, si ustedes no los quisieran ni como gerentes”. ¿Qué nos está pasando, por qué nos estamos achicando tanto?

 

La ratificación obligaría a mejorar la calidad de los gobiernos. Esa calidad que es necesario ir conservando, salirnos de los gobiernos de cuates y de cuotas. Hay una cuota que le tengo que pagar a un grupo que me ayudó en las elecciones, hay un cuate que no haya dónde establecerse, porque no tiene grandes luces, entonces vámonos al gobierno y esto lo mejoraría.

 

 

Pero eso no es suficiente. Es necesario también darle poder a los ciudadanos. ¿Por qué tenemos que seguir conservando que la vida institucional de este país solamente se puede llevar a cabo a través de los partidos políticos? Hay que darle vida a las candidaturas ciudadanas, hay que regularlas muy bien, para evitar que la boleta electoral se vuelva un rollo de papel de baño.

 

Candidaturas independientes sí, nada más que hay que darle a los ciudadanos la posibilidad de tener iniciativa.

 

Si un grupo de ciudadanos, del tamaño que forma parte de una elección de un diputado federal, se reúnen y quieren enviar una iniciativa al Congreso, debemos de habilitarlos; y que esa iniciativa obligadamente el Congreso tenga que sancionarla por el sí o por el no, pero no congelarla.

 

Los ciudadanos deben adquirir poder. También los ciudadanos deben sancionar buena parte de las leyes. Si se reúnen y es necesario acabar con una discusión, hay que darle vida a la consulta popular, al referéndum; que los ciudadanos tengan poder. Es más, que los ciudadanos se sientan parte del Estado.

 

¿No han estudiado ustedes y han visto en cada una de sus clases, que en ocasiones el ciudadano que no tiene partido político o que no está en el gobierno no se siente parte del Estado? Habla: “el Estado mexicano”, como si no formaran parte de él.

 

Bueno, por qué no los acercamos a los ciudadanos a sentirse parte del Estado. Ese es el punto básico.

 

Hay que darle también algunos otros instrumentos al Presidente, la reconducción presupuestal.

 

Hay que resolver un asunto que los Presidentes nunca quieren atender, ¿Qué hacemos en caso de ausencia absoluta del Presidente de la República? Dirán los abogados que están por aquí, invitados por los politólogos, “en este momento ya la Constitución lo prevé”; sencillísimo, la Constitución dice que el Congreso se reunirá y nombrará a ese Presidente sustituto, mientras elige al interino o sale adelante con el ya definitivo, como si fuera tan fácil. “Y el Congreso se reúne y rápidamente se pone de acuerdo en quién es el próximo”.

 

Si en cosas menores ahí las traemos en discusiones y en mantas, vergonzosas y vulgares por cierto, pero en fin.

 

El punto está en que tenemos que buscar un intermedio. El intermedio es muy sencillo, y ustedes lo descubrirán. La Ley Orgánica, debería decir la Constitución,  señalará el funcionario de mayor alto rango de la administración pública federal que se hará cargo como encargado del despacho de la Presidencia, mientras el Congreso se pone de acuerdo y decide.

 

Entonces, ese cuarto oscuro que se podría generar con la ausencia de un Presidente, está cubierto de manera automática; los mercados no sufren, el país no entra en un caos, las ambiciones no se desatan con tanta pasión como lo harían desordenadamente.

 

Eso también hay que resolverlo. Este es un cambio político, es un cambio que ordena. Pero dirán ustedes ¿y el Congreso? El Congreso hay que revisarlo si quieren ustedes, si quieren muchos en su tamaño; creo que su problema está en la funcionalidad, porque el tamaño debe garantizar pluralidad.

 

A veces, algunos de los que están adentro hacen menos daño que estando afuera, y eso es importante también, así se consiguió algunas reformas, y ustedes descubrirán quiénes son los que están adentro, que si los sueltan después a ver quién los agarra; pero, el punto está en que el Congreso y su funcionalidad debe tener una sanción.

 

Yo sí creo en la reelección. Hoy más que nunca, después de una reforma que se hizo de carácter electoral, darle el poder al ciudadano para castigar o para premiar, aquellos que en alguna ocasión estuvieron ahí, deberíamos de generarlo, deberíamos de provocar.

 

Entonces haríamos un paquete que podría ser una pata de una mesa, la reforma política que se necesita en México.

 

Otra de las patas de la mesa, para poder afianzarla bien en la gobernabilidad moderna, debería ser trabajar alrededor de los órganos reguladores que existen en el país.

 

Hoy son verdaderamente muy lamentables en su procedimiento, pero porque no los hemos institucionalizado bien en la Constitución.

 

Hoy aparecen más como órganos simuladores de la regulación en el país. Y si no, véanlo. Les voy a poner un ejemplo de un órgano regulador, ahí está Cofetel; como que hoy parece más bien una dirección general del secretario de Comunicaciones en Transportes en turno y en aprendizaje.

 

Sí, porque han llegado tres secretarios a aprender. “Esta es una escuela, vayan ustedes a la secretaría de Comunicaciones, ahí se aprende”. ¿Cómo? Como secretario. Y también al que le haga falta, vaya también a la Secretaria de Economía, ahí también se aprende.

 

Y el país no crece en las dos áreas más importantes, porque siempre andamos improvisando, por eso la ratificación. Pero el órgano regulador debería ser verdaderamente autónomo. ¿De qué se trata? Los órganos reguladores más importantes: competencia. Es necesario acabar con  los monopolios, oligopolios, prácticas monopólicas, competencia.

 

Debe ser un órgano del Estado mexicano, transexenal, no caprichoso en las manos del gobierno en turno. Llega un gobierno que le guste la competencia, ¡perfecto! Llega un gobierno que no le gusta la competencia, le gustan los monopolios y sus amigos, “ya nos llevo al traste”. No, el órgano regulador debe ser transexenal.

 

Comunicaciones y transportes, hay un debate en los juzgados, se vendieron dos radiofrecuencias importantes, y es un bien público.

El órgano regulador con cinco, dos votaron a favor, uno en contra, una abstención  y un ausente, y vendieron un bien público, pues están en los juzgados en amparos por todos lados. 

 

Y cuando nosotros requerimos, para fundamentar nuestra denuncia también, que nos den información de cuáles fueron los criterios de votación de ese órgano regulador, declaran que es información confidencial y reservada por 15 años.

 

¿Puede el órgano reservar información confidencial al vender un bien público y de la manera como se vende? ¿Es opaco o no es opaco?

 

Podría seguir con algunas otras cosas que está haciendo el órgano regulador, dependiendo del gobierno en turno.

 

El gobierno dice: “a ese dale la FM”. “Aquel no, a aquel dale una prórroga o refrendo de su bien”. “Aquel no, aquel se portó mal”.

 

Ahí viene el caso Aristegui, “ahora quítenle la concesión al otro, no le den el refrendo, ya lo regresan”.  Puros desatinos porque no  hay un órgano regulador, verdaderamente autónomo del Estado, que funcione más allá de las pasiones del gobierno en turno.

 

Creo que esa comisión reguladora de energía es una simulación, es un órgano recaudador  de la Secretaria de Hacienda; es un órgano que dice que las tarifas deben cobrarse más porque la Comisión Federal de Electricidad está sobre invertida; ósea, no planeó bien su inversión, produce más energía y si produce más energía tiene que recuperar su inversión, entonces las tarifas las vienen pagando. Ese es un órgano recaudador, no es un órgano regulador. Las horas pico de las grandes industrias, es una verdadera aberración.

 

Otro órgano regulador, es la comisión bancaria. No deben depender del gobierno en turno, deben ser órganos del Estado.

 

Responsablemente sonrío mucho con la desgracia en Italia, con este inquieto Berlusconi, que ya está que se va, que se va y se va a ir, igual que en otros lugares.

 

¿Ustedes saben que la economía en Italia, no obstante la crisis financiera que se vive, es estable?

 

¿Qué se va? Que se vaya. ¿Y que venga otro? Que venga otro. Y los ciudadanos salen a votar por un Primer Ministro o un Presidente, y no pasa nada.  Se van y vienen, porque los órganos reguladores son transexenales, son del Estado mexicano. El Estado mexicano funciona solito.

 

Es más, si nosotros tuviéramos órganos reguladores así, verdaderamente del Estado y transexenales, no necesitaríamos que cada seis años se eligiera a un Presidente. Casi casi yo les propondría que lo elijan cada cuatro, tres años, total no es mayormente importante porque hay certeza jurídica.

 

La certeza jurídica es lo que importa en un Estado moderno. La certeza jurídica se da con órganos reguladores del Estado mexicano, que llega el Presidente en turno y su veleidosidad, o su militancia y sus preferencias, y no pueden hacer cambiar las cosas.

 

Ese es un cambio de fondo institucional, se tiene llevar a la Constitución para establecer que el Estado mexicano está por encima de los gobiernos.

 

Hoy he escuchado frases, ayer y antier también, se van a suceder, sobre todo con el grave problema que tenemos de delincuencia. Estamos ante la posibilidad de un Estado fallido, por ahí alguien construyó la frase. Creo que no.

 

El gobierno puede estar fallando y a lo mejor no tiene instrumentos para salir adelante. A mí lo que me preocupa es que estemos frente la posibilidad de un Estado caduco; el Estado que no se ha transformado y no ha creado sus nuevas instituciones. Las instituciones de la modernidad, del siglo XXI.

 

No se puede seguir gobernando en el siglo XXI, con las instituciones del siglo XX.  ¿Cómo nos atrevemos a plantearlas?

 

Por eso la tercera pata de la mesa es cómo recaudar mejor sin la simplicidad y la superficialidad de que solamente se puede hacer cobrando o subiendo los impuestos.

 

“La única manera en que se puede hacer –dijo el secretario de Hacienda– y que conozco yo, es subiendo los impuestos”. Es lo que le ha permitido conocer su paso momentáneo por la Secretaría, estar muy cerca del Presidente, pero.

 

Solamente subiéndole los impuestos, y por cierto a los mismos que pagan, porque no es subiéndole los impuestos a una base más amplia.

 

¿Realmente esa es la forma como se puede mejorar el ingreso? ¿Con esa formula se puede tapar el sol de los 300 mil millones que hay en la evasión? 14 veces más el presupuesto de la UNAM.

 

Con esa formula se puede tapar el hoyo de 500 mil millones de pesos –ustedes están sacando cuentas, ya llevamos casi ocho punto del Producto Interno Bruto– de los regimenes preferenciales.

 

¿Realmente con esa formula se puede tapar el hoyo de la informalidad? Que es lo que está haciendo daño, el crecimiento de la informalidad, que ya podría ser el 40 por ciento de la economía. Con una circunstancia adicional, como este país no crece, y no genera empleos, la gente sale a la informalidad a buscar sus ingresos.

 

Hay una encuesta que dice y le pregunta a los informales: “¿Usted se siente ilegal?” Dice “no, yo no soy ilegal. Estoy saliendo a la calle a buscar los ingresos que no he podido obtener porque no hay empleo en el país”. Entonces vamos teniendo graves problemas.

 

¿Realmente subiendo impuestos a los mismos vamos a salir adelante del problema de la necesidad de 10 puntos del Producto Interno Bruto para hacer más inversiones?

 

Quinientos mil millones es lo que podría costarnos mantener tres o cuatro veces el sistema hospitalario de este país.

 

No pueden seguir las cosas en la superficialidad o en la mediocridad de los planteamientos.

 

Vamos haciendo una reforma, se pueden bajar los impuestos acabando con los privilegios, claro que sí. ¿Se puede combatir a la informalidad? Claro. ¿Cómo? Premiando la formalidad.

 

Soy uno de los mexicanos que en uso de algunas facultades que me da el ser senador de la República o presidente del Senado en este momento, en ocasiones me ha invitado el secretario de Hacienda a visitarlo.

 

Voy a Palacio Nacional, donde me invitó a conversar sobre cómo poner orden en el país y cómo mejorar la recaudación, y la banqueta de Palacio Nacional, donde tengo que pasar, primero brinco a uno que está vendiendo mercancía robada, luego brinco a otro que está vendiendo mercancía pirata, luego a otro que está vendiendo mercancía quemada o ilegal de otro tipo, luego a otro que está en la informalidad.

 

Por fin, cuando llego a ver al secretario, me recibe en la puerta y me dice: “creo que es necesario que veamos la manera en que nosotros debemos corregir el país, porque fíjate lo que vi el otro día en tal estado”. Y le digo: “sal a tu banqueta y pon orden primero”. Si no pones orden en tu banqueta, ¿cómo puedes poner orden en tu país?

 

Hay ceremonias en Palacio Nacional que parece que alguien avisa, –"woki toqui" han de tener–  entre lo que es el Palacio Nacional y la Suprema Corte de Justicia llena de informalidad e ilegalidad. Ojo, porque no es lo mismo, informalidad es aquel que se fue a ver algún negocio y no está pagando sus impuestos; la ilegalidad es aquel que ya entra en el lado criminal de vender mercancía robada, pirata y otras cosas más. Pero llega el Presidente a recibir ahí cartas credenciales de los embajadores y se desaloja, y se va y se llena.

 

Es un pacto, ustedes no molesten al Presidente cuando está aquí y nosotros no los molestamos por todo el resto del año, pero no puede seguir así.

 

Pero también hay que mejorar el gasto. Este es un país que tiene un gobierno con mucho dinero y pocos resultados. ¿Dónde está el gasto? 3 billones 400 mil millones de pesos, el presupuesto más alto de la historia. Siempre, cómo no puede ser el más alto, año con año hay más, pero no impacta el crecimiento económico.

 

Venimos de un menos siete, y dicen “ya crecimos cinco”. Sí, pero nos salen debiendo dos por ciento, porque en el 2009 decrecimos menos siete por ciento. Con el cinco por ciento todavía nos deben dos, tan siquiera para recuperar lo perdido.

 

Mejor gasto, mejor forma de recaudar.

 

Hubiéramos puesto la cuarta, sí, es la que se imaginan. Una que a ustedes les preocupa, la que nos preocupa a todos los mexicanos, la de la seguridad pública.

 

Pero si nosotros queremos atender el tema de la seguridad pública, atacándolo directamente con confrontación de fuerza, de armas de fuego, lo único que vamos a tener es violencia.

 

Tenemos que irnos a estos pasos: Mejor gobernabilidad para el crecimiento económico y el empleo, porque si no sirve para crecer y para generar empleo, los cambios no son necesarios; órganos reguladores del Estado mexicano, ¿para qué? Para el crecimiento económico y el empleo, se trata de crecimiento económico y empleo; reforma hacendaria, gasto e ingreso para el crecimiento económico y el empleo.

 

¿Ya estamos en el crecimiento económico y el empleo? Será más fácil atender esta pata, combatir a la delincuencia que se está nutriendo hoy en día de mano de obra barata, porque no crecemos y porque no hay empleo.

 

Hay que hacerlo con firmeza. Quiero decirles, estoy de acuerdo con la decisión que tomó el Presidente Calderón, de atacar hasta sus últimas consecuencias el tema de la delincuencia y el narcotráfico.

 

No coincido a veces que esa decisión se haya tomado sin haber invitado a muchos otros a comprometernos en todo este caso, para hacer más eficaz el tema del combate a la delincuencia y no tener que esperar más muertos.

 

35 mil muertos, ojo. Al pasó que vamos podríamos terminar este sexenio con el mismo número de muertos que hubo en Vietnam, 50 mil soldados.

 

Ahora, si el tema lo quieren tratar con crueldad y frialdad, diríamos: ¿Se resolverá con unos 30 mil más, cuando ya tengamos 80 mil, el asunto se va resolver? Algunos podrían decir “síganle”, pero no.

 

Creo que se va a resolver cuando nosotros tengamos orden y rumbo, y vayamos recorriendo este camino para atacar de manera más firme esto.

 

Orden y rumbo, dije. “Es que no quiero nos suceda lo que le aconteció al pueblo cubano o a muchos cubanos cuando terminó la revolución”, y se cuenta una anécdota.

 

Dicen que por la Quinta Avenida de la Habana, después de la Revolución, circulaba el único camión que tenía gasolina y en cada esquina se iba encontrando un grupo de cubanos que le decían al chofer: “me llevas”. Y el chofer les decía “súbete”. Pasaba a la otra esquina y había otro grupo de cubanos, y le decían: “me llevas”. El chofer le decía “súbete”.

 

Y así fue el camión avanzando hasta que se vio repleto. Ya cuando estaba llenó, alguien dentro del camión se le ocurrió preguntar, “¿y a dónde vamos?”  Y el cubano le dijo “al paredón, chico”.

 

Creo que a nosotros no nos debe de suceder y deberíamos de preguntar antes cuál es el rumbo que le quieren poner los partidos que quieren ganar en el 2012. ¿Hacia dónde nos quieren llevar?

 

Dígannos con claridad qué quieren hacer, y entonces sí nos subimos a tu camión, de lo contrario hay que buscar otra ruta.

 

Si ustedes hacen una encuesta y le preguntan a los mexicanos: ¿Ustedes saben a dónde los llevan el día de hoy? La mayoría contesta que no. Y eso no es sano, no es bueno.

 

Estas son algunas reflexiones que quería hacer con ustedes, pero de eso yo qué sé; ustedes saben más, hoy que estudian.

 

Muchas gracias.

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