23-11-2015

57 Semana Nacional de Radio y Televisión

Muchas gracias a todos ustedes.

Agradezco muchísimo la oportunidad que me dan con esta invitación de volver a estar con ustedes y conversar sobre algunos temas que son de mi interés y posteriormente, –me lo ha dicho tanto Edgar como Javier– yo les digo lo que quiero que sepan, después ustedes me preguntan lo que quieren que yo les diga lo que sé, de tal suerte que con eso hacemos muy bien la sinergia a la que nos tiene acostumbrados en la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), en donde saludo con enorme cariño, aprecio y respeto a todos y cada uno de ustedes mis amigas y mis amigos

Le comentaba a Edgar, hace un momento, en que podía utilizar mis preciosos 15 minutos que me dan ustedes para platicar, sin apabullarme con pánico escénico con tanta cámara, no sé por qué hay tanta cámara y tanto micrófono aquí, en esta reunión.

Y lo quisiera aprovechar para comentarles, en esta nueva etapa de mi vida –como dirigente del partido político en el que he militado–, hasta donde estamos enfocando nuestros mejores esfuerzos, en un reconocimiento y autocritica de lo que hoy son estas organizaciones políticas, llamados partidos y que tienen –como bien lo saben los buenos abogados– lo que se llama interés público, son parte del interés público.

Y los partidos políticos –como ustedes los han visto desde hace tiempo, y los parecían, otros no tanto– surgen para organizarnos directamente en la lucha electoral que nos lleva al ejercicio de los gobiernos o al ejercicio del mismo poder, con un objetivo específico de buscar –así lo pienso yo– que las cosas buenas sucedan o que podamos mejorar lo que tenemos, hacerle frente a lo que se dispuso y fue equivocado, y posteriormente en la transformación encontrar los beneficios que todos estamos buscando. Eso es un partido político.

Es este caso –entendiéndolo de ese manera– quiero empezar por decirles, si algunos no se han enterado –y me refiero a los de los partidos políticos– que los partidos político hoy en México y en el mundo, no son los más apreciados, tenemos una carga de desconfianza, falta de interés en los mismos, por lo cual hasta hay quienes piensan que podrían ser fácilmente sustituidos, quizá por alguna otra organización o tipo de organización que nos permitieran normar nuevamente nuestra vida democrática y la competencia en la lucha por el poder.

Creo que los partidos políticos son parte sustantiva de los regímenes democráticos, es la mejor forma de organizar el trabajo alrededor de ese principio democrático que indica cómo verdaderamente se alcanza la oportunidad de poder dirigir los destinos de un país, de un Estado, de una Cámara, de todo lo demás, se prueba o se ha aprobado en el mundo.

Pero partiendo de la base de que los partidos no están en su mejor momento, entonces es que vemos que surgen formas de organizarse lateralmente –que algunos intentan evitarlas, obstruirlas–, como son los llamados candidatos independientes. Y muchos de nosotros que votamos por su existencia, pensamos que son necesarias de mantener esas nuevas formas,  porque es la mejor manera de presionar a los partidos políticos para que mejoren su presencia y sobre todo su esencia.

Por ello es que en algún momento como legislador propuse, dispuse, atendí y al mismo tiempo acompañé la creación de estas nuevas figuras de los candidatos independientes.

Dicho lo anterior, les comentó lo que estamos haciendo dentro del PRI: acabamos de pasar un Consejo Político Nacional, que es consecuente con la XXI Asamblea que tuvimos hace tres años y en donde hay nuevos conceptos para la vida en sistema por parte del PRI.

Una de ellas es que por primera vez, nosotros en el partido –y muchos otros partidos que no lo han entendido– estamos abriendo la puerta a lo que se llama la participación de todos aquellos ciudadanos simpatizantes de nuestra organización política y de su interés.

Estos ciudadanos participantes se distinguen de los militantes, porque anteriormente la lucha política interna solamente era entre militantes y entre militantes resolvíamos quiénes eran los candidatos, y entonces los candidatos se ponían a competir con los candidatos militantes de otros partidos políticos.

Creemos que es la mejor oportunidad –sin menospreciar a nuestra militancia, los años al servicio del mismo, la lealtad– de también poder incluir a los ciudadanos simpatizantes de nuestra organización política, para que puedan competir por diversos cargos de elección popular, eso por un lado.

Por el otro también el reconocimiento de que desde hace tiempo venimos haciendo un esfuerzo de orden legal para hacer las contiendas más equitativas en la participación de los varones y las mujeres, lo que es la equidad de género.

Y lo que hemos dispuesto en esta ocasión es forzar a lo máximo,  la obligación de un partido político –en este caso el que presido– para  garantizar que en la competencia aparezcamos en los mismos términos y en igualdad, hombres y mujeres, tanto para conformar los ayuntamientos y los congresos locales.

Esto es muy importante para nosotros porque ya no es un simple deseo aspiracional, sino una obligación de que el PRI tanto a nivel nacional como a nivel estatal y en sus regiones, propongan igual número de mujeres y hombres, tanto en el sentido –como le han llamado el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación– horizontal como vertical.

No es un esfuerzo fácil porque aquí tenemos que combinar dos intereses distintos: uno el ejercicio democrático que en sí mismo podría resolver que no fuera tan pareja la contienda de la presentación de candidatos, porque en una asamblea o en una elección abierta puede surgir indistintamente un hombre o una mujer para encabezar esos esfuerzos, pero no necesariamente para hacerlo equilibrado o o tan justo como pueda ser posible, mitad y mitad.Entonces, dispusimos lo necesario para acabar cualquier discusión en el futuro y lo haremos, ¿cómo lo vamos a lograr? tendremos que hacer algunos ajustes de carácter legal.

El tercero de ellos –que es de los temas que hoy hemos estado implementando dentro del PRI y que nos gustaría mucho que ustedes conocieran– es que así como estamos buscando la equidad de género, así como hemos abierto las candidaturas a los que son ciudadanos simpatizantes, también hacía el interior del PRI estamos buscando que se transparente la acción que llevamos a cabo.

Y eso es una disposición que estoy seguro tendrán que seguir todos los partidos políticos, porque en las obligaciones de transparencia        –que hoy son una exigencia para los buenos gobiernos–, las organizaciones políticas que son del interés público no pueden ser ajenas a esas disposiciones.

Eso es lo que hemos estado trabajando hacia dentro del PRI, en consonancia y en consecuencia de una exigencia mayor que nosotros reconocemos se encuentra por parte de la población cada vez más incrédula de los políticos, de los partidos políticos, de los gobiernos o de las organizaciones de los gobiernos.

Creo que a esas suspicacias y a esas dudas tenemos que responder con muchos hechos, más que con muchos discursos.

Y a mí me interesa mucho comentarles a ustedes que como autocritica sabemos lo que tenemos, disponemos lo necesario para poder hacer lo conveniente, atendiendo esas exigencias y estamos decididos a poder compartirlo con todos y cada uno de ustedes.

La discusión viene siendo cada vez más atractiva a nivel nacional en la competencia entre los partidos políticos, sé que ustedes han recibido a otros dirigentes de organizaciones políticas distintas, diferentes a la nuestra y que han girado sobre algunas ideas de cómo construir novedosamente las nuevas instituciones o la lucha electoral del futuro.

Creo que lo que al PRI lo obliga, desde hace tiempo y hasta ahora, es construir instituciones novedosas, pero que tengan un objetivo específico; y el objetivo principal para el PRI y para esta dirigencia, no nada más es la búsqueda por alcanzar triunfos electorales –que en sí mismo es una obligación de los partidos políticos–, pero no nada más buscamos triunfos electorales, sino establecer gobernabilidad en cada uno de los lugares donde nosotros tenemos la confianza de la población, que nos da esos triunfos electorales.

Por eso en el PRI decimos que vamos a ir a alianzas –a lo mejor a algunos les parece convenientes o inconvenientes– pero con un propósito específico: no nada más alcanzar el triunfo electoral, sino después del triunfo electoral saber qué hacer con ese poder delegado por parte de los electores que confiaron en esa alianza; a diferencia de otros partidos políticos que se alían, solo y simplemente para vencer al PRI, en donde no les alcanzan sus propios números.

Nosotros lo que buscamos son alianzas que permanezcan posteriormente en el gobierno y que aseguren la gobernabilidad para los mexicanos.

Porque lo que ha pasado en otras ocasiones es que hemos visto alianzas entre partidos políticos sumamente diferentes, distintos, que son contradictorios, incluso los objetivos que buscan, que es posible en algunas ocasiones, alcancen a ganar las elecciones, pero lo más seguro es que después no sepan qué hacer con el poder.

Y dicen que el poder desgasta, pero un buen amigo que ya no está presente, decía, “pero lo que más desgasta es no poder”; y hay quienes no pueden posteriormente después de alcanzar el triunfo. Buscamos gobernabilidad.

Sé que han venido aquí también a hacer una propuesta, no muy novedosa, reciclada en la imaginación, en el caso de la segunda vuelta electoral nosotros nos hemos pronunciado desde hace mucho tiempo por fórmulas o formas de organización electoral –distintas a estas– que nos den verdadera gobernabilidad a futuro.

Y lo digo de esa manera porque si algo –y ustedes lo tienen en mente- no ha ayudado a garantizar la gobernabilidad es que esas mismas alianzas que permiten acceder al Congreso, dejan siempre un Congreso dividido, que no lo puede resolver un ejecutivo incierto.

En las segundas vueltas electorales es posible que dejen a un gobernante con más del 50 por ciento de la votación, pero también es muy probable que quien vaya a la segunda vuelta electoral, aunque tenga el 50 por ciento de la votación, sea menos votado que quien gane en la primera vuelta.

Si los temas son de legitimidad, no se trata nada más de números, sino se trata de gobernabilidad.

Yo creo más –y por eso dispusimos en una negociación entre partidos políticos– en los gobiernos de coalición, para aquellos que sepan que si bien es cierto no alcanzan el triunfo electoral con la mitad más uno de los votos, necesariamente tengan que acudir a hacer una coalición para gobernar de manera estable.

Y es que lo que más necesitamos nosotros es estabilidad en los gobiernos, no simplemente aquella supuesta certeza que les da legitimidad de ser votados por la mitad más uno.

Por ello acudimos y ya está en la Constitución, que en el futro los gobernantes que no sean votados por más del 50 por ciento, tengan que buscar gobiernos de coalición que a cambio ofrezcan que los nombramientos de esos gobernantes sean compulsados, analizados y aprobados por otro Poder, a fin de evitar las ocurrencias de los nuevos gobiernos en el nombramiento de algunos de los integrantes del gabinete.

Hoy, como ustedes lo saben, en la Reforma Política que se llevó a cabo después del Pacto por México, que nos trajo reformas de diferente calado, todas convenientes para el país, también está incluido lo de los gobiernos de coalición, opcionalmente.

Yo diría que si queremos ir a fondo, deberíamos de quitarle lo opcional y hacerlo obligatorio. Si un gobernante no es votado por más del 50 por ciento de los electores que acudieron a la elección, obligadamente tendría que ir a un gobierno de coalición, en el cual se sujete a que los nombramientos de los integrantes de su gabinete, sean aprobados por la mitad más uno de una de las Cámaras.

Los candados deberán ser muy importantes, que nos permitan tener la certeza de que esos nombramientos no caen en manos de los partidos que están representados en el Congreso y los vuelva una cuota de poder.

De lo que se trata es que nunca se pueda nombrar a un funcionario o a un secretario importante, o director de una de las empresas descentralizadas o con participación del Estado, caprichosamente, sino en base a su experiencia y probidad.

Vamos, dejar muy atrás que los gobiernos se vuelvan zonas de aprendizaje, porque lo peor es que a veces algunos no aprenden rápido, y cuando van aprendiendo, se les acaba el tiempo para el cual fueron nombrados.

Los gobiernos no deben ser una escuelita de verano, deben ser algo más sólidos, y entonces para eso puede existir la ratificación de los miembros del gobierno, por parte del Congreso, a fin de salvaguardar que tengan la capacidad suficiente para gobernar desde el principio con habilidad y experiencia. Eso ayudaría mucho a la gobernabilidad, pero de eso yo qué sé.

Solamente vengo a platicarles a ustedes que la lucha entre los partidos políticos es legítima e histórica, pero que el deseo que debe imperar en cada uno de los partidos políticos, no nada más es darle a los ciudadanos triunfos electorales, sino gobernabilidad y estabilidad. De eso se trata lo que be ser la participación de todos y cada uno de nosotros. Así lo hemos hecho en distintas ocasiones, así es como lo vamos a procurar en el futuro.

Estoy cierto que cuando hay acuerdos entre las fuerzas políticas, México sale ganando; cuando existe una disrupción entre ellos, porque sintetizan la lucha político electoral en cuestiones de beneficio personal u obsesiones por el poder, a México no le va bien.

Este gobierno, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, desde el inicio, puso sobre la mesa el tema de la modernización y la gobernabilidad. Así fue como se construyó con la participación de otras fuerzas políticas, las reformas que hoy tenemos a la vista y que inscribieron a México en el Siglo XXI, dejando muy atrás el Siglo XXI, porque no era nada más cuestión de años o de décadas, sino de insertar a México en la modernidad.

¿Cómo podríamos negar que México se inserta en la modernidad con una Reforma Laboral que está dando sus resultados? A lo mejor a algunos no les gusta que lo volvamos a repetir, pero es necesario recalcarlo y que ya genera empleos en base a las nuevas reglas que se establecieron entre el capital y el trabajo, siempre difíciles de conciliar, la mejor forma de invertir con certeza y tener una relación más noble entre unos y otros.

¿Cómo ocultar los beneficios que ya se tienen en otras materias? Que ustedes tienen muy en mente, desde la reforma educativa, que estamos buscando y luchando llevarla hasta sus últimas consecuencias, como las reformas económicas, tanto en competencia económica como en telecomunicaciones, así como la de transparencia, como las que estamos terminando de afinar en materia anticorrupción, sin dejar de ver la financiera o la energética, que dan resultados.

Vamos, partimos de una base muy sólida, al decir, las reformas que tenemos que acordar son aquellas que ayuden a crecer, porque el crecimiento genera empleo, y éstos bien repartidos, luchan y combaten la desigualdad.

Hay quienes se confunden y piensan que la desigualdad es igual que la pobreza, y son muy distintas. La pobreza se tiene que combatir también con crecimiento y con empleo; pero la desigualdad está cuando los seres humanos no tienen la misma educación y entonces no pueden competir por una misma posición, por la falta de calidad en esa educación.

No conozco mejores igualadores sociales en el mundo que el empleo de calidad y la educación de calidad.

Hay quienes piensan que pueden ser más iguales si tienen la misma cartera abultada que el hombre más rico, nada más falso e imposible de lograr. La igualdad se logra con empleo de calidad y bien pagado, y con educación de calidad que permita ser competitivos en igualdad de condiciones a los mexicanos. Creo que esas dos bases son de enorme transcendencia en las reformas que se hicieron y que nosotros debemos de continuar.

Termino en esta parte de la intervención: resolví participar en mí partido y buscar la presidencia del PRI, porque creo en lo que hicimos juntos, ustedes y nosotros, todos aquellos que participamos en las reformas y porque creo que en los partidos políticos que participaron en hacerlas, deben ser congruentes con lo que aprobamos y empezar a defenderlas y llevarlas hasta sus últimas consecuencias; nada le haría más daño al país que echarlas abajo, porque eso sería retroceder a mitad del Siglo XX, cuando nos estamos acercando venturosamente a la mitad del Siglo XXI, para ir a la par con lo que está sucediendo en el mundo y en ocasiones adelante de lo que está aconteciendo, eso hace la diferencia para los mexicanos de hoy y de mañana.

Muchas gracias por escucharme.

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Link del Video:

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